Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se despereza la tierra
que se extiende en verdes
y las colinas, como senos núbiles,
se colorean en amarillo
de narcisos de prados húmedos.
Y los árboles se brotan en hojas,
en un grito silencioso
que empapa sus brotes
en lágrimas de rocío
alegres y doloridas.
Las jacarandas se visten de novia,
ajorcas y arracadas de flores,
en espera de ese amante
que promete el devenir
de soles en primavera.
Nubes blancas y deshilachadas,
sueños que cruzan el cielo,
marcan límites al vuelo
de esas aves que cantan
rondas enamoradas.
Y risas de bocas
que anhelan aires
en que flotar, respirar, vivir,
pues llega, otra vez,
el tiempo nuevo.
que se extiende en verdes
y las colinas, como senos núbiles,
se colorean en amarillo
de narcisos de prados húmedos.
Y los árboles se brotan en hojas,
en un grito silencioso
que empapa sus brotes
en lágrimas de rocío
alegres y doloridas.
Las jacarandas se visten de novia,
ajorcas y arracadas de flores,
en espera de ese amante
que promete el devenir
de soles en primavera.
Nubes blancas y deshilachadas,
sueños que cruzan el cielo,
marcan límites al vuelo
de esas aves que cantan
rondas enamoradas.
Y risas de bocas
que anhelan aires
en que flotar, respirar, vivir,
pues llega, otra vez,
el tiempo nuevo.