Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Cuando escribo de amor, no estoy pensando en ti,
claro que no,
pienso en la idea del amor, en el concepto,
en las canciones cursis que detestamos juntos,
en los poemas que leímos al revés para no caer en la trampa.
No estoy pensando en ti cuando hablo de caricias,
esas que se escapan entre los dedos,
como el humo de ese cigarrillo que nunca terminamos,
porque, admitámoslo,
el humo siempre supo más de nosotros que nosotros mismos.
No, no eres tú cuando escribo sobre besos,
esos que se quedan en el aire,
suspendidos entre lo que quisimos que fueran y lo que fueron.
Pienso en los besos de otros, en los de nadie,
en los que se dieron en las películas que vimos sin prestar atención.
Cuando hablo de miradas que se cruzan y se pierden,
no pienso en tus ojos,
esos ojos que me desarman y me arman en un solo parpadeo,
no, pienso en las miradas de los transeúntes,
en las de los extraños que nunca se volverán a ver.
Cuando escribo de amor, no estoy pensando en ti,
es solo que las palabras me llevan por caminos que no planeé,
y de repente, sin darme cuenta,
estás ahí,
como un eco, una sombra, un reflejo en el cristal empañado.
No estoy pensando en ti,
aunque, ahora que lo pienso,
quizás lo estoy,
quizás siempre lo estoy,
pero no te preocupes, no lo hago a propósito.
Es solo que el amor,
ese amor del que escribo sin pensar en ti,
parece tener la mala costumbre de llevar tu nombre.
claro que no,
pienso en la idea del amor, en el concepto,
en las canciones cursis que detestamos juntos,
en los poemas que leímos al revés para no caer en la trampa.
No estoy pensando en ti cuando hablo de caricias,
esas que se escapan entre los dedos,
como el humo de ese cigarrillo que nunca terminamos,
porque, admitámoslo,
el humo siempre supo más de nosotros que nosotros mismos.
No, no eres tú cuando escribo sobre besos,
esos que se quedan en el aire,
suspendidos entre lo que quisimos que fueran y lo que fueron.
Pienso en los besos de otros, en los de nadie,
en los que se dieron en las películas que vimos sin prestar atención.
Cuando hablo de miradas que se cruzan y se pierden,
no pienso en tus ojos,
esos ojos que me desarman y me arman en un solo parpadeo,
no, pienso en las miradas de los transeúntes,
en las de los extraños que nunca se volverán a ver.
Cuando escribo de amor, no estoy pensando en ti,
es solo que las palabras me llevan por caminos que no planeé,
y de repente, sin darme cuenta,
estás ahí,
como un eco, una sombra, un reflejo en el cristal empañado.
No estoy pensando en ti,
aunque, ahora que lo pienso,
quizás lo estoy,
quizás siempre lo estoy,
pero no te preocupes, no lo hago a propósito.
Es solo que el amor,
ese amor del que escribo sin pensar en ti,
parece tener la mala costumbre de llevar tu nombre.