En el rincón de alguna sacristía
se consume la vela abandonada,
y al titilar su llama queda en nada
igual que el candelabro que lucía.
Se apagará la mecha bruna y fría
sobre la cera blanca y nacarada
y al dejar esa luz sin llamarada
se extinguirá el fulgor con que latía.
Empañando de lágrimas la tumba
envuelve el triste cirio a su destino
del último suspiro que lo alienta,
y en alas de un arcángel peregrino
la vida, que apagada se derrumba,
será de nuevo tierra polvorienta.
José Soriano Simón
SafeCreative
se consume la vela abandonada,
y al titilar su llama queda en nada
igual que el candelabro que lucía.
Se apagará la mecha bruna y fría
sobre la cera blanca y nacarada
y al dejar esa luz sin llamarada
se extinguirá el fulgor con que latía.
Empañando de lágrimas la tumba
envuelve el triste cirio a su destino
del último suspiro que lo alienta,
y en alas de un arcángel peregrino
la vida, que apagada se derrumba,
será de nuevo tierra polvorienta.
José Soriano Simón
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