IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Colapsan las utopías,
por falta de valor,
entre excesos de dolores benditos,
estamos atados al tiempo,
vivimos por nuestros sentidos,
sin ellos estaríamos muertos en vida,
aunque todo sea una construcción mental,
condicionados nos movemos,
por los senderos de la palabra,
aún más negro es el sentido del lenguaje,
manipulándonos con colores inexistentes,
grises maquinaciones de la mente,
y el alma nunca fue nuestra compañera,
¿respiramos por ahogo?,
buscamos el amor
porque vivimos como peces,
nadamos en las corrientes de la sed,
convergemos hacia el mar,
como un tumulto irremediable,
buscamos una frialdad que nos sede,
soledad que impera sobre la muerte,
porque supuestamente
es peor ser consciente del rechazo,
que motivarnos por un futuro irremediable,
deseamos presentes longevos,
más nunca dios nos ha hablado a la cara,
deseamos volvernos eternos
entre caminos mortales,
edades de tiempos finitos,
de saberes mundanos,
porque todo lo que tocamos se destruye,
no hay perdón,
para una vida sentenciada al olvido,
ni hay decencia que nos juzgue,
observamos el cielo,
en busca de preguntas,
ya que todas las respuestas,
por realidades nos sepultan,
buscamos algo que no tendremos,
bajo la lupa de una existencia desconocida,
nos vigila el creador,
caeremos aún ardiendo junto al mundo,
morderemos la agonía,
y nos destrozaremos
nuestros flagelados cuerpos,
sin remordimiento,
dejaremos que el viento
seque nuestra fragilidad.
por falta de valor,
entre excesos de dolores benditos,
estamos atados al tiempo,
vivimos por nuestros sentidos,
sin ellos estaríamos muertos en vida,
aunque todo sea una construcción mental,
condicionados nos movemos,
por los senderos de la palabra,
aún más negro es el sentido del lenguaje,
manipulándonos con colores inexistentes,
grises maquinaciones de la mente,
y el alma nunca fue nuestra compañera,
¿respiramos por ahogo?,
buscamos el amor
porque vivimos como peces,
nadamos en las corrientes de la sed,
convergemos hacia el mar,
como un tumulto irremediable,
buscamos una frialdad que nos sede,
soledad que impera sobre la muerte,
porque supuestamente
es peor ser consciente del rechazo,
que motivarnos por un futuro irremediable,
deseamos presentes longevos,
más nunca dios nos ha hablado a la cara,
deseamos volvernos eternos
entre caminos mortales,
edades de tiempos finitos,
de saberes mundanos,
porque todo lo que tocamos se destruye,
no hay perdón,
para una vida sentenciada al olvido,
ni hay decencia que nos juzgue,
observamos el cielo,
en busca de preguntas,
ya que todas las respuestas,
por realidades nos sepultan,
buscamos algo que no tendremos,
bajo la lupa de una existencia desconocida,
nos vigila el creador,
caeremos aún ardiendo junto al mundo,
morderemos la agonía,
y nos destrozaremos
nuestros flagelados cuerpos,
sin remordimiento,
dejaremos que el viento
seque nuestra fragilidad.