José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vino apagando tempestades,
avivando el incendio
en vestidura acolchada, sin cremallera
cómo nube aleteando entre galaxias perdidas.
Elevó la felicidad a altares de nocturna tenacidad
ante roble milenario aplaudiendo al cielo austral,
cómo ola de sílabas llenas de duendes,
cómo pradera de lengua larga acariciando el horizonte
antes vacío ahora lleno de días vivos.
Estación perenne coloreada con opacidad de lluvia
derramada sobre piel reseca,
movimientos de senderos ascendentes,
en un territorio de pasto amarillento
reverdeciendo con banderas hinchadas al viento .
Corolas floreciendo en su lecho,
avivando al cuerpo abandonado,
sacándolo de la sombra
como tallo luchando buscando su sol.
Océano levitando en boca,
desgranando el amor en su jugo
alimentando el fuego en piedra ígnea,
devorando lenguas en cavernas silenciosas,
de metal volcánico sumergido en cuerpo de ola.
Margaritas blandiendo al aire como bajel en océano,
deambulando con vaivén de mar revuelto
sin costuras,
estirando los erectos botones de mirada circular.
Pura llanura de orquídeas
embalsamadas en magnolias
cráter surtiendo al aljibe de los deseos
temblores de mañanas como uvas al viento.
De pronto se incendió el pasto
la lumbre sintió escalofríos
la copa tronando espabilo a Cupido,
en maremotos que perduran
con el pasar del tiempo.