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El instante eterno

darkneside

Poeta recién llegado
Te encontré en un suspiro de la tarde,
como quien toca un sueño con los dedos,
y en tu mirada abierta, sin remedos,
hallé un refugio donde todo arde.

Eras un verso huido de otros labios,
la piel de un libro antiguo y sin final,
un eco que la vida, en su espiral,
me trajo como el fruto de sus labios.

¿De dónde vienes, alma que entrelaza
el hilo de mi ser con lo infinito?
¿Por qué tu risa, al aire, suena al grito
de quien libera un alma tras su caza?

Tu voz me sabe a fuego y a ternura,
como la lluvia al campo que perece,
y tu presencia, un río que enriquece
el polvo gris de tanta desventura.

Eres la flor que, aun rota, se despliega,
la calma tras la fiebre del relámpago,
la senda que, al cruzarte, nunca es árida,
la luz que en mis tinieblas se reintegra.

No sé si somos pacto de otros siglos,
o un guiño de los dioses caprichosos,
mas sé que en nuestros labios temblorosos
se encuentra un paraíso sin vestiglos.

Y aunque la vida es polvo y es ceniza,
y el tiempo todo lo borra y apresa,
este instante nos basta, su belleza
es más eterna que la noche misma.

Que amarte no es un verbo, es un destino,
un hilo de lo eterno que no quiebra,
y hallarte, mi gemela, es la piedra
que cierra al fin mi círculo divino.
 
Te encontré en un suspiro de la tarde,
como quien toca un sueño con los dedos,
y en tu mirada abierta, sin remedos,
hallé un refugio donde todo arde.

Eras un verso huido de otros labios,
la piel de un libro antiguo y sin final,
un eco que la vida, en su espiral,
me trajo como el fruto de sus labios.

¿De dónde vienes, alma que entrelaza
el hilo de mi ser con lo infinito?
¿Por qué tu risa, al aire, suena al grito
de quien libera un alma tras su caza?

Tu voz me sabe a fuego y a ternura,
como la lluvia al campo que perece,
y tu presencia, un río que enriquece
el polvo gris de tanta desventura.

Eres la flor que, aun rota, se despliega,
la calma tras la fiebre del relámpago,
la senda que, al cruzarte, nunca es árida,
la luz que en mis tinieblas se reintegra.

No sé si somos pacto de otros siglos,
o un guiño de los dioses caprichosos,
mas sé que en nuestros labios temblorosos
se encuentra un paraíso sin vestiglos.

Y aunque la vida es polvo y es ceniza,
y el tiempo todo lo borra y apresa,
este instante nos basta, su belleza
es más eterna que la noche misma.

Que amarte no es un verbo, es un destino,
un hilo de lo eterno que no quiebra,
y hallarte, mi gemela, es la piedra
que cierra al fin mi círculo divino.
El amor, la más dulce de las pasiones.


Saludos
 
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