Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Cuando el amor camina despacio,
se hace silencio, se vuelve paz,
no hay un apuro ni un breve paso,
todo es eterno, todo es capaz.
No hay prisa alguna que lo devore,
ni viento en contra que lo detenga,
el tiempo calla, la vida flore,
y en su latido la espera venga.
Es un susurro que sabe a calma,
un río manso, suave y sereno,
no quema el pecho, no roba el alma,
pero se queda como un veneno.
Camina lento, casi sin ruido,
no lleva sombras ni desconsuelo,
es como un cielo recién nacido,
un sol que brilla sin ser un duelo.
No necesita palabras largas,
ni prometer lo que no sostiene,
el que lo vive, el que lo carga,
sabe que siempre será quien viene.
Cuando el amor no corre ni vuela,
se hace refugio, se vuelve casa,
no hay un reloj que le imponga vela,
pues su destino nunca se atrasa.
Es como un canto que no se apaga,
un ritmo dulce que se desliza,
es en la brisa lo que se alaga,
es en el frío lo que caliza.
Camina lento porque es eterno,
porque su centro no es un final,
y quien lo toca, roza el invierno
y lo convierte en calor vital.
Cuando el amor camina despacio,
no hay despedidas ni un hasta luego,
se vuelve todo, se vuelve espacio,
es el poema que nunca entrego.
Así es el paso que quiero darte,
lento y seguro, sin un tropiezo,
porque en la calma puedo amarte,
y en cada pausa dejo mi beso.
se hace silencio, se vuelve paz,
no hay un apuro ni un breve paso,
todo es eterno, todo es capaz.
No hay prisa alguna que lo devore,
ni viento en contra que lo detenga,
el tiempo calla, la vida flore,
y en su latido la espera venga.
Es un susurro que sabe a calma,
un río manso, suave y sereno,
no quema el pecho, no roba el alma,
pero se queda como un veneno.
Camina lento, casi sin ruido,
no lleva sombras ni desconsuelo,
es como un cielo recién nacido,
un sol que brilla sin ser un duelo.
No necesita palabras largas,
ni prometer lo que no sostiene,
el que lo vive, el que lo carga,
sabe que siempre será quien viene.
Cuando el amor no corre ni vuela,
se hace refugio, se vuelve casa,
no hay un reloj que le imponga vela,
pues su destino nunca se atrasa.
Es como un canto que no se apaga,
un ritmo dulce que se desliza,
es en la brisa lo que se alaga,
es en el frío lo que caliza.
Camina lento porque es eterno,
porque su centro no es un final,
y quien lo toca, roza el invierno
y lo convierte en calor vital.
Cuando el amor camina despacio,
no hay despedidas ni un hasta luego,
se vuelve todo, se vuelve espacio,
es el poema que nunca entrego.
Así es el paso que quiero darte,
lento y seguro, sin un tropiezo,
porque en la calma puedo amarte,
y en cada pausa dejo mi beso.