Destellos de esperanza.

HECHICERA

Poeta recién llegado
En un rincón, sentadita estaba mi viejita, contemplando las estrellas con sus manos temblorosas. Observaba cada estrella y en sus pensamientos anhelaba el cariño de sus hijos que la habían olvidado. Cada estrella era un deseo de su alma, que pedía que la recordaran dondequiera que estuvieran.

Sus ojitos le brillaban como dos luceros que iluminaban el cielo. Con sus pensamientos llenos de magia, le pedía a las estrellas que brillaran donde sus hijos estaban, para que cada destello iluminara sus corazones y la buscaran.

Cantaba la melodía de la estrella que anhelaba. Con destellos del olvido, imaginaba que la amaban. Sus pasitos despacitos, sus manitas temblorinas, que se cansaron por cuidar a sus hijos que tanto ama.

Cómo el olvido llegó a sus corazones, preguntaba ansiosa a las estrellas que la cobijaban. Pedía un deseo por cada estrella que ella miraba. Su carita se iluminaba, olvidando que la habían olvidado, pensando que quizás al rato regresarían a mirarla.

Se cobijaba en las estrellas que la iluminaban. Pobre mi viejita, compartía con las estrellas sus sueños que anhelaba. Las estrellas la cobijaban en su triste recorrido. ¿Dónde quedó el amor que le profesaron? Ahora está solita con las estrellas y su triste mirada.
 
Última edición:
En un rincón, sentadita estaba mi viejita, contemplando las estrellas con sus manos temblorosas. Observaba cada estrella y en sus pensamientos anhelaba el cariño de sus hijos que la habían olvidado. Cada estrella era un deseo de su alma, que pedía que la recordaran dondequiera que estuvieran.

Sus ojitos le brillaban como dos luceros que iluminaban el cielo. Con sus pensamientos llenos de magia, le pedía a las estrellas que brillaran donde sus hijos estaban, para que cada destello iluminara sus corazones y la buscaran.

Cantaba la melodía de la estrella que anhelaba. Con destellos del olvido, imaginaba que la amaban. Sus pasitos despacitos, sus manitas temblorinas, que se cansaron por cuidar a sus hijos que tanto ama.

Cómo el olvido llegó a sus corazones, preguntaba ansiosa a las estrellas que la cobijaban. Pedía un deseo por cada estrella que ella miraba. Su carita se iluminaba, olvidando que la habían olvidado, pensando que quizás al rato regresarían a mirarla.

El camino es pesado, nuestro cuerpo se fatiga, las fuerzas se van, pero siempre hay una luz que, cuando menos lo esperas, llegará. Las preocupaciones se desvanecen como llegan y la esperanza resplandece como nunca para guiarte siempre en el mejor camino que debemos transitar. Aunque tus pasos estén cansados, jamás la fe debes olvidar.
Unas profundas líneas.
Con elocuentes reflexiones.

Saludos
 
Me ha gustado mucho la ternura y la nostalgia que transmite el relato. La imagen de la viejita mirando las estrellas, anhelando ser recordada por sus hijos, es muy conmovedora
 

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