Extravagante
Poeta recién llegado
Hablan de libertad,
la libertad de respirar sin cadenas,
pero el susurro de la boca
es llamado traición.
Nos dicen que hablar
es un derecho,
pero el eco se ahoga
en las leyes que tapan bocas.
¿Acaso el aire tiene dueño?
¿Acaso la palabra es un enemigo?
Nos venden el mutismo
como un orden moral,
como un deber constitucional,
pero ¿quién decidió
que el silencio es virtud?
La mordaza no está escrita
en los papeles de la justicia,
no se encuentra en los ecos de la ley.
Es un invento,
un velo que cubre
lo que la libertad debería mostrar.
Una máscara que encierra
al pueblo en su propio rostro.
La guerra del filo:
la lengua, la mordaza, la pluma, la censura.
Un fuego cruzado donde cada palabra
es bala o es bálsamo según quien la reciba.
Y así estamos en este fuego cruzado
donde la libertad la visten de verdugo
Y la censura canta con la voz de los mártires.
Dicen que la verdad es peligrosa,
que el grito es un caos sin rumbo,
pero los muros no detienen
la marea de la razón.
Porque la libertad de hablar
no es un favor,
es un derecho
que no puede ser sometido
al peso de la censura.
Cada palabra es un ladrillo
en el muro de la libertad,
y cada suspiro silenciado
es una grieta en la constitución.
La mordaza no tiene firma
de justicia ni de pueblo,
es solo un temor disfrazado
de ley,
un miedo que mata
las voces que reclaman
lo que es suyo: el derecho
a ser escuchados,
a ser libres.
Aunque quieran callarnos,
sabemos que el candado
no es constitucional,
que la verdad
es nuestra única carta y la palabra,
nuestro más preciado derecho.
la libertad de respirar sin cadenas,
pero el susurro de la boca
es llamado traición.
Nos dicen que hablar
es un derecho,
pero el eco se ahoga
en las leyes que tapan bocas.
¿Acaso el aire tiene dueño?
¿Acaso la palabra es un enemigo?
Nos venden el mutismo
como un orden moral,
como un deber constitucional,
pero ¿quién decidió
que el silencio es virtud?
La mordaza no está escrita
en los papeles de la justicia,
no se encuentra en los ecos de la ley.
Es un invento,
un velo que cubre
lo que la libertad debería mostrar.
Una máscara que encierra
al pueblo en su propio rostro.
La guerra del filo:
la lengua, la mordaza, la pluma, la censura.
Un fuego cruzado donde cada palabra
es bala o es bálsamo según quien la reciba.
Y así estamos en este fuego cruzado
donde la libertad la visten de verdugo
Y la censura canta con la voz de los mártires.
Dicen que la verdad es peligrosa,
que el grito es un caos sin rumbo,
pero los muros no detienen
la marea de la razón.
Porque la libertad de hablar
no es un favor,
es un derecho
que no puede ser sometido
al peso de la censura.
Cada palabra es un ladrillo
en el muro de la libertad,
y cada suspiro silenciado
es una grieta en la constitución.
La mordaza no tiene firma
de justicia ni de pueblo,
es solo un temor disfrazado
de ley,
un miedo que mata
las voces que reclaman
lo que es suyo: el derecho
a ser escuchados,
a ser libres.
Aunque quieran callarnos,
sabemos que el candado
no es constitucional,
que la verdad
es nuestra única carta y la palabra,
nuestro más preciado derecho.