Extravagante
Poeta recién llegado
La luna, entre los juncos y su monte,
se alza con su luz que todo ilumina,
la noche extiende su manto al horizonte,
bordado con la bruma que fascina,
Los ecos se adormecen en sus puentes,
el río canta notas de rutina,
y yo, perdido en sombras imponentes,
me vuelvo en soledad su luz divina.
Que el tiempo no apagara mi sendero,
ni el llanto en su penumbra me destierre;
Soy río, mar y viento prisionero.
Y en tanto el corazón me sigue vivo,
la vida, en su dolor, siempre me encierre,
que en su prisión el alma se hace olivo.
se alza con su luz que todo ilumina,
la noche extiende su manto al horizonte,
bordado con la bruma que fascina,
Los ecos se adormecen en sus puentes,
el río canta notas de rutina,
y yo, perdido en sombras imponentes,
me vuelvo en soledad su luz divina.
Que el tiempo no apagara mi sendero,
ni el llanto en su penumbra me destierre;
Soy río, mar y viento prisionero.
Y en tanto el corazón me sigue vivo,
la vida, en su dolor, siempre me encierre,
que en su prisión el alma se hace olivo.