Alfonso Sáenz
Poeta recién llegado
Todas las noches me meces en tu sonrisa, de comisura a comisura, dando palmadas
que en la espalda murmuran, consejos arcaicos tu magnetismo a través del viento susurra.
Reyna de la noche, lucero en las tinieblas, derroche de energía que en mi corazón siembras.
Eres testigo de lo que el enamorado calla, fortaleza que en los animales se encarna,
receptora de millones de deseos, ¡hasta el lobo te aúlla su silvestre secreto!
Juguemos escondidas, juguemos a que, desde el cielo, me perseguías, contigo no
hay mentiras en el lúdico mirar, observas y guiñas a los sueños tu buena intención.
Lúnula mía, lunecilla de todos, romancero inmemorial del mismísimo Morfeo, yo te escribo, yo te rimo, yo te canto, yo te amo, tú mi madre, yo tu niño.
que en la espalda murmuran, consejos arcaicos tu magnetismo a través del viento susurra.
Reyna de la noche, lucero en las tinieblas, derroche de energía que en mi corazón siembras.
Eres testigo de lo que el enamorado calla, fortaleza que en los animales se encarna,
receptora de millones de deseos, ¡hasta el lobo te aúlla su silvestre secreto!
Juguemos escondidas, juguemos a que, desde el cielo, me perseguías, contigo no
hay mentiras en el lúdico mirar, observas y guiñas a los sueños tu buena intención.
Lúnula mía, lunecilla de todos, romancero inmemorial del mismísimo Morfeo, yo te escribo, yo te rimo, yo te canto, yo te amo, tú mi madre, yo tu niño.