Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
¿Cómo escribirte sin que sepas que te escribo?
¿Cómo dejar mi amor entre las líneas
como un puñado de hojas sueltas
que el viento arrastra,
pero que jamás llegan a tus manos?
Si digo tu nombre,
la palabra se deshace en el aire
como la espuma en la orilla,
como un eco que no encuentra su montaña.
Si te hablo,
mi voz se convierte en el murmullo del agua,
en la brisa que juega con tu piel
sin que notes su roce.
Eres la ausencia que más pesa en mi pecho,
la distancia más cercana,
el fuego que enciende mis noches
pero que jamás ha tocado mi piel.
Te amo con la certeza de lo imposible,
con la urgencia del que grita en el vacío
y solo escucha el eco de su propia voz.
Si supieras que cada poema que lees,
cada verso que acaricias con los ojos
tiene la forma exacta de tu silueta…
pero no lo sabes,
y en eso reside la belleza trágica de este amor.
Porque si un día descubrieras
que en cada palabra que dejo al mundo
estás tú,
tendría que callar para siempre.
¿Cómo dejar mi amor entre las líneas
como un puñado de hojas sueltas
que el viento arrastra,
pero que jamás llegan a tus manos?
Si digo tu nombre,
la palabra se deshace en el aire
como la espuma en la orilla,
como un eco que no encuentra su montaña.
Si te hablo,
mi voz se convierte en el murmullo del agua,
en la brisa que juega con tu piel
sin que notes su roce.
Eres la ausencia que más pesa en mi pecho,
la distancia más cercana,
el fuego que enciende mis noches
pero que jamás ha tocado mi piel.
Te amo con la certeza de lo imposible,
con la urgencia del que grita en el vacío
y solo escucha el eco de su propia voz.
Si supieras que cada poema que lees,
cada verso que acaricias con los ojos
tiene la forma exacta de tu silueta…
pero no lo sabes,
y en eso reside la belleza trágica de este amor.
Porque si un día descubrieras
que en cada palabra que dejo al mundo
estás tú,
tendría que callar para siempre.
