Acaso esta tristeza pronunciada
con mi voz maquinal de autómata
resistiendo la embestida de la aurora,
tejiendo escarpines con tu nombre
para el niño yo que tiene frío de vos.
¿Me condeno al pasado? ¿Me resisto
al presente? ¿Le temo al futuro, sin vos?
¿Le temo? Lo cierto no es lo puro.
Lo que salva y lo que muerde, no es.
En cambio vos, y yo, acaso, también
morimos. ¿Estamos muertos?
¿Sobrevivís a la ausencia de mis manos?
Tus huesos se fundieron en la cruz
de mi pesar, que arrastro por las noches.
¿Te acordás de esa noche? ¿Arrepentida?
¿Por qué decidiste echarte atrás?
Echarme a andar, ciego, doliente
como una oración que se lanza
hacia la tormenta, implorando
que deje de doler. Pero ¿Qué parte
de mi mismo duele? ¿Qué parte de vos
viene a postrarse en mi lecho y me hiela
el cálido sueño, el amor?
¿Arrepentida?
Mi voz es la demanda insolente
mas no hieren sus palabras
porque ellas mismas son heridas;
pedacitos de cristal.
Mil reflejos de tu rostro, impúnemente
hincado en la carne.
con mi voz maquinal de autómata
resistiendo la embestida de la aurora,
tejiendo escarpines con tu nombre
para el niño yo que tiene frío de vos.
¿Me condeno al pasado? ¿Me resisto
al presente? ¿Le temo al futuro, sin vos?
¿Le temo? Lo cierto no es lo puro.
Lo que salva y lo que muerde, no es.
En cambio vos, y yo, acaso, también
morimos. ¿Estamos muertos?
¿Sobrevivís a la ausencia de mis manos?
Tus huesos se fundieron en la cruz
de mi pesar, que arrastro por las noches.
¿Te acordás de esa noche? ¿Arrepentida?
¿Por qué decidiste echarte atrás?
Echarme a andar, ciego, doliente
como una oración que se lanza
hacia la tormenta, implorando
que deje de doler. Pero ¿Qué parte
de mi mismo duele? ¿Qué parte de vos
viene a postrarse en mi lecho y me hiela
el cálido sueño, el amor?
¿Arrepentida?
Mi voz es la demanda insolente
mas no hieren sus palabras
porque ellas mismas son heridas;
pedacitos de cristal.
Mil reflejos de tu rostro, impúnemente
hincado en la carne.