Un giro (fragmento)

Alfonso Sáenz

Poeta recién llegado
Esa noche, el cigarro se fumaba mis pulmones, postrado en las sombras me inundaba mi silencio. No la veía, pero sentía mi piel hecha jirones movida por el tacto de mi alma y sus canciones. Mi enfado era cremado por una sutil morriña cuyo eco retumbaba con la voz de mi niñez haciendo florecer los racimos de una adolescencia que, en ocasiones, todavía adolezco.
Entonces, en un profundo momento de incertidumbre, la experiencia, como siempre dolorosa y severa, arrancó de mis manos la cumbre y el encanto de todo mi conocimiento a priori. Fue un giro, el estómago dolía por tanto pensar, ¡no! más bien por tanto sentir con él sin comida ni bebida y, en medio de todo ese desconcertante e inexplicable caos, solamente me importaba una cosa de apariencia indolora, mi nocturna exploradora, de batallas en mi mente siempre gloriosa, mi musa, de mis pesares una inquietante luz cegadora...
Pensaba en hoja y lápiz, realizaba garabatos de relatos e inhalaba la esperanza que faltaba, encerraba en el grafito a mis demonios y locuras, los presionaba sin clemencia contra el empático papel que nunca juzga, siempre dispuesto a ser tatuado con palabras de mis buenas y mis malas. Fue el final un momento de mi agrado, despojando falacias morales que en mí atormentaban, ¡ya no estaban!, giré al sentido de mi espalda y no había nada, tampoco mi alma; pretendí rescatarla y me di cuenta de lo que en verdad allí se encontraba.
 
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Esa noche, el cigarro se fumaba mis pulmones, postrado en las sombras me inundaba mi silencio. No la veía, pero sentía mi piel hecha jirones movida por el tacto de mi alma y sus canciones. Mi enfado era cremado por una sutil morriña cuyo eco retumbaba con la voz de mi niñez haciendo florecer los racimos de una adolescencia que, en ocasiones, todavía adolezco.
Entonces, en un profundo momento de incertidumbre, la experiencia, como siempre dolorosa y severa, arrancó de mis manos la cumbre y el encanto de todo mi conocimiento a priori. Fue un giro, el estómago dolía por tanto pensar, ¡no! más bien por tanto sentir con él sin comida ni bebida y, en medio de todo ese desconcertante e inexplicable caos, solamente me importaba una cosa de apariencia indolora, mi nocturna exploradora, de batallas en mi mente siempre gloriosa, mi musa, de mis pesares una inquietante luz cegadora...
Pensaba en hoja y lápiz, realizaba garabatos de relatos e inhalaba la esperanza que faltaba, encerraba en el grafito a mis demonios y locuras, los presionaba sin clemencia contra el empático papel que nunca juzga, siempre dispuesto a ser tatuado con palabras de mis buenas y mis malas. Fue el final un momento de mi agrado, despojando falacias morales que en mí atormentaban, ¡ya no estaban!, giré al sentido de mi espalda y no había nada, tampoco mi alma; pretendí rescatarla y me di cuenta de lo que en verdad allí se encontraba.
En medio del caos es muy importante su musa, una luz que ilumina sus pesares.
Siempre es un honor visitar sus líneas.

Saludos
 

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