Zulma Martínez
Mar azul...
Me estaba cayendo de sueño. No tenía suficiente dinero, así que tuve que conformarme con cenar un guiso caldoso en una fonda típica del lugar. Por suerte, al otro día, ya volvería a casa.
De pronto, para mi sorpresa, vi un pedazo de carne como anclado en el fondo del cuenco. Inmediatamente intenté sujetarlo con los cubiertos para cortar un bocado, pero éstos resbalaron y la "carne" salió disparada terminando, según pude observar, en el plato de la señora que ocupaba la mesa contigua.
Seguí comiendo, temeroso, mientras esperaba la reacción de la comensal.
Pero, después de unos minutos, escuché que decía:
"Muy buenas las pastas, camarero. Y la porción de carne, exquisita..."
Entonces, el hombre se acercó y, mirando con disimulo a su alrededor, levantó del piso un hueso amarronado.
De pronto, para mi sorpresa, vi un pedazo de carne como anclado en el fondo del cuenco. Inmediatamente intenté sujetarlo con los cubiertos para cortar un bocado, pero éstos resbalaron y la "carne" salió disparada terminando, según pude observar, en el plato de la señora que ocupaba la mesa contigua.
Seguí comiendo, temeroso, mientras esperaba la reacción de la comensal.
Pero, después de unos minutos, escuché que decía:
"Muy buenas las pastas, camarero. Y la porción de carne, exquisita..."
Entonces, el hombre se acercó y, mirando con disimulo a su alrededor, levantó del piso un hueso amarronado.