silveriddragon
Poeta adicto al portal
El amor es una elección que haces todos los días. ¿Eliges amar o eliges ignorar el mundo? Solo si amas puedes despertar del sueño.
Palabras de Tsukihime a Silver
I
Me sentía miserable, a pesar de estar rodeado de gente. No lograba comprender que me estaba pasando. ¿Por qué no podía detenerme? ¿Acaso era un error? A pesar de sentirme así, seguía repitiendo una y otra vez la misma conducta.
Acababa de salir de mi trabajo en una oficina gubernamental donde realizo trabajo frente a computadoras. Es algo demasiado técnico y no quiero aburrirlos con ello. Me pagan razonablemente bien. Pero estoy lleno de deudas.
El dinero. Me ha convertido en alguien codicioso. Quiero gastar más y más. No puedo detenerme.
Estoy sentado en una banca del parque que está frente al edificio donde trabajo. Un parque muy grande donde puedes ver muchos turistas pasar.
Cierro los ojos y trato de comprenderme. Quiero detenerme lo juro. Pero no puedo, no puedo.
Abro los ojos y puedo ver a los niños correr y las madres detrás de ellos. Algunos compañeros de trabajo pasan rumbo a tomar el autobús a casa.
A lo lejos veo caminar a una mujer pelirroja de rasgos elegantes. Camina con dignidad. Trae un libro muy grueso en una mano y pareciera que se me ha quedado viendo. Cuando llega a cierta distancia de mi me dice: - ¿Está ocupado? - refiriéndose al lugar a mi lado en la banca.
- No. Adelante. - Y me separo un poco instintivamente. Trataba de no verla directamente ya que me sentía un poco atraído hacia ella y eso era peligroso debido a mis vicios. Cerré los ojos y respiré profundo tratando de no pensar con lascivia. Debía contenerme a pesar de oler su perfume a naranja y canela.
Pude escuchar como ella se sentó y abrió el libro mientras respiraba también lentamente. Pude adivinar como se movía su cabello mientras se lo acomodaba y se desprendía un olor limpio.
No pude contenerme y solté un suspiro. - Ah -
La mujer habló con una sonrisa, aunque no la veía podía escuchar en su tono que sonreía. - ¿Está meditando? ¿Quiere que me vaya?
Mis instintos me dijeron que no, que no se vaya, y mi sensatez me decía, aléjala antes de que cometas una imprudencia. - No. no se preocupe, solo disfruto del aire de este parque - respondí. Era una respuesta vaga. Quería acercarme a ella. Me mordí el labio inferior. Quise correr esta vez. No quería dejar salir mis deseos.
- Está bien. Se nota que es una persona serena. ¿sabe? Yo vengo aquí a conocer personas. A veces me siento muy sola.
Abrí los ojos y volteé a verla. No me equivocaba. A pesar de que no estaba maquillada se veía muy linda. Pero me causó curiosidad su comentario. - ¿Sola? Pensaría que es una persona sociable.
- Jajajaja... - rió levemente - Todo lo contrario. Me considero tímida. No todos comprenden mis aficiones.
Nadie comprendería por que hago lo hago - pensé. Luego la miré y sonreí. La sonrisa me salió natural. Ella parecía una persona sensible y amistosa. Como aquellas con las que te abres fácilmente. Y yo necesitaba eso. Ncesitaba contarle a alguien mis problemas por que me estaban consumiendo lentamente. No podía decirselo a mis conocidos, a mi familia, a nadie. Me sentía muy solo por eso.
- ¿es una afición como tatuarse o algo así? - dije de manera cautelosa.
- Oh no - dijo ella tapándose la boca con la mano derecha y con la izquierda tomó el libro. Lo abrió y me lo mostró. Tenía unos dibujos muy raros. - Es solo que. Me gusta el tarot.
- Rayos - dije para mi mismo en silencio. Era una de esas adivinas que te hacen plática y después te quieren sacar dinero por decirte que algo malo te va a pasar. Mi sonrisa desapareció pero entonces ella movió su cabellera roja y eso despidió nuevamente el olor a canela y naranja. Mis bajos instintos me dominaron. Tenía que seducirla. Tenía que besarla. Ya no era dueño de mi mismo. Así que seguí el juego.
- Suena interesante. ¿qué es esta persona caminando al borde del abismo? - pregunté acercándome de manera táctica hacia ella
- Es la carta de el loco. Es curioso que te llame la atención. Es el que se arriesga sin pensar. Pero mira como está feliz aunque está en peligro.
Eso me sacudió un poco y me volvió a mi realidad. Era justo así como me sentía. Yo era ese arcano. El loco. No medía las consecuencias. Solo seguía adelante. Para cambiar un poco el tema señalé otro dibujo donde un hombre solitario camina con una linterna en la noche. - ¿y este dibujo?
- Es el ermitaño. A pesar de que está solo hay una luz que lo guía. ¿sabes? Al elegir así las cartas es como si te estuviera leyendo las cartas.
Me detuve. Por que era cierto. El ermitaño. Así también me sentía. Era alguien solitario. Huía de la interacción social aunque eso no me había evitado de caer en mis vicios. Quería probar una mujer, y otra, y otra más.
- ¿Quieres continuar? - Dijo ella mirándome a los ojos y me tomó la mano izquierda con su derecha por encima como queriendo que la respuesta fuera que si. Pero yo me asusté. No quería que ella viera en mi interior de esa forma. Me sentía un monstruo y esos ojos parecían penetrar hasta dentro de mi alma, muy profundo.
- Cof, ejem. Quizás en otra ocasión. Yo. - Y sin querer, De forma extraña un último dibujo me llamó la atención. M ele quedé viendo de manera hipnótica y ella se dio cuenta.
- Son los amantes - dijo ella sonriendo y dando pequeños aplausos. No entendía su felicidad, parecía disfrutar mis reacciones.
- ¿Los amantes? - dije en un tono entre preocupado y atento
- Si, los amantes. Un rey y una reina que se encuentran para estar ligados hasta la eternidad. - y ramató estas palabras con un guiño. Ahora estaba convencido. Solo estaba esperando a que la tirada de cartas me costara al menos 100 dólares o algo así.
- Así que voy a conocer a alguien a quien amaré para siempre... - dije suspirando
- ¿No te alegra? Eres afortunado. Pocos son los elegidos. Unos oyen y otros jamás lo comprenden. Pero tu lo sabrás llegado el momento.
Esos ojos azules y la cabellera roja me hipnotizaron nuevamente. Ella lo notó y pude notar que me sostenía la mirada dulcemente. - ¿Cómo te llamas? - Solté finalmente. Ella había conseguido apagar mis deseos obscenos. Inclusive olvidé espiar sus senos y adivinar su tamaño. En cambio me quedé viendo sus rostro que me resultaba enigmático.
- Coco Christina - dijo lentamente mientras notaba que en su mano izquierda tenía anillos de plata con formas de hadas y mariposas. - Pero tú puedes llamarme Lure.
- ¿Lure? Ah, mucho gusto. Yo soy ...
- No... no me lo digas. Trataré de adivinarlo. - Dijo divertida. Sonreí. Por que su vibra era sana. Realmente me sentí como un niño jugando con una compañera de clase.
- Te llamas Rodrigo -
Reí.
- Ok ok. Eres difícil. Noto que eres una persona reservada. Tu aura no está del todo clara. Hmm. Te llamas Roberto.
Nuevamente reí y estaba dispuesto a decir mi nombre pero me detuvo poniéndome la mano izquierda en el pecho con reproche - Noooo. espera, un último intento.
Cerró los ojos y puso la mano derecha en el libro mientras decía - Donato -
Escuchar mi nombre en un suspiro me estremeció de una forma extraña. Sentí desde muy adentro de mi como si alguien dijera mi nombre y tuviera que ser convocado a algo. Abrió los ojos con una mirada un poco seria como si hubiese visto mis más profundos pensamientos.
- Tienes un don natural que no conoces Donato. - dijo ella
Mientras tanto un niño había pateado lejos su pelota y había llegado a los pies de ella. El niño se acercó a nosotros y la tomó como ignorando el hecho de que ahí estaba Lure. - ¿Cuánto será? - Dije con una sonrisa y haciendo un gesto de sacar mi cartera.
Ella se paró en seco y tomó su libro. - Nos vemos mañana Donato. - Y me sopló un beso. Un besó como si fuese un niño a quien consentir.
Se fue y vi como su caminar elegante la llevaba a las faldas del castillo en lo profundo de ese parque.
Me dejó atónito. Quizás se sintió ofendida. Pero dijo que nos veríamos mañana. Eso me hizo hacerme mucahs preguntas.
¿me había hecho una lectura de cartas gratis? ¿Por qué se hacía llamar Lure? ¿Sería eslava? Su tono de piel y sus ojos eran muy bonitos. ¿había visto dentro de mi? ¿Mi obscuridad, mis pecados, mi deseo por ella y por todas las mujeres atractivas?
Lo más raro era que me sentí como si hubiesen limpiado mi alma. Me quedé un rato más en la banca viendo a los niños jugar y a los comerciantes pasar. Me compré un helado y después fui a casa.
Palabras de Tsukihime a Silver
I
Me sentía miserable, a pesar de estar rodeado de gente. No lograba comprender que me estaba pasando. ¿Por qué no podía detenerme? ¿Acaso era un error? A pesar de sentirme así, seguía repitiendo una y otra vez la misma conducta.
Acababa de salir de mi trabajo en una oficina gubernamental donde realizo trabajo frente a computadoras. Es algo demasiado técnico y no quiero aburrirlos con ello. Me pagan razonablemente bien. Pero estoy lleno de deudas.
El dinero. Me ha convertido en alguien codicioso. Quiero gastar más y más. No puedo detenerme.
Estoy sentado en una banca del parque que está frente al edificio donde trabajo. Un parque muy grande donde puedes ver muchos turistas pasar.
Cierro los ojos y trato de comprenderme. Quiero detenerme lo juro. Pero no puedo, no puedo.
Abro los ojos y puedo ver a los niños correr y las madres detrás de ellos. Algunos compañeros de trabajo pasan rumbo a tomar el autobús a casa.
A lo lejos veo caminar a una mujer pelirroja de rasgos elegantes. Camina con dignidad. Trae un libro muy grueso en una mano y pareciera que se me ha quedado viendo. Cuando llega a cierta distancia de mi me dice: - ¿Está ocupado? - refiriéndose al lugar a mi lado en la banca.
- No. Adelante. - Y me separo un poco instintivamente. Trataba de no verla directamente ya que me sentía un poco atraído hacia ella y eso era peligroso debido a mis vicios. Cerré los ojos y respiré profundo tratando de no pensar con lascivia. Debía contenerme a pesar de oler su perfume a naranja y canela.
Pude escuchar como ella se sentó y abrió el libro mientras respiraba también lentamente. Pude adivinar como se movía su cabello mientras se lo acomodaba y se desprendía un olor limpio.
No pude contenerme y solté un suspiro. - Ah -
La mujer habló con una sonrisa, aunque no la veía podía escuchar en su tono que sonreía. - ¿Está meditando? ¿Quiere que me vaya?
Mis instintos me dijeron que no, que no se vaya, y mi sensatez me decía, aléjala antes de que cometas una imprudencia. - No. no se preocupe, solo disfruto del aire de este parque - respondí. Era una respuesta vaga. Quería acercarme a ella. Me mordí el labio inferior. Quise correr esta vez. No quería dejar salir mis deseos.
- Está bien. Se nota que es una persona serena. ¿sabe? Yo vengo aquí a conocer personas. A veces me siento muy sola.
Abrí los ojos y volteé a verla. No me equivocaba. A pesar de que no estaba maquillada se veía muy linda. Pero me causó curiosidad su comentario. - ¿Sola? Pensaría que es una persona sociable.
- Jajajaja... - rió levemente - Todo lo contrario. Me considero tímida. No todos comprenden mis aficiones.
Nadie comprendería por que hago lo hago - pensé. Luego la miré y sonreí. La sonrisa me salió natural. Ella parecía una persona sensible y amistosa. Como aquellas con las que te abres fácilmente. Y yo necesitaba eso. Ncesitaba contarle a alguien mis problemas por que me estaban consumiendo lentamente. No podía decirselo a mis conocidos, a mi familia, a nadie. Me sentía muy solo por eso.
- ¿es una afición como tatuarse o algo así? - dije de manera cautelosa.
- Oh no - dijo ella tapándose la boca con la mano derecha y con la izquierda tomó el libro. Lo abrió y me lo mostró. Tenía unos dibujos muy raros. - Es solo que. Me gusta el tarot.
- Rayos - dije para mi mismo en silencio. Era una de esas adivinas que te hacen plática y después te quieren sacar dinero por decirte que algo malo te va a pasar. Mi sonrisa desapareció pero entonces ella movió su cabellera roja y eso despidió nuevamente el olor a canela y naranja. Mis bajos instintos me dominaron. Tenía que seducirla. Tenía que besarla. Ya no era dueño de mi mismo. Así que seguí el juego.
- Suena interesante. ¿qué es esta persona caminando al borde del abismo? - pregunté acercándome de manera táctica hacia ella
- Es la carta de el loco. Es curioso que te llame la atención. Es el que se arriesga sin pensar. Pero mira como está feliz aunque está en peligro.
Eso me sacudió un poco y me volvió a mi realidad. Era justo así como me sentía. Yo era ese arcano. El loco. No medía las consecuencias. Solo seguía adelante. Para cambiar un poco el tema señalé otro dibujo donde un hombre solitario camina con una linterna en la noche. - ¿y este dibujo?
- Es el ermitaño. A pesar de que está solo hay una luz que lo guía. ¿sabes? Al elegir así las cartas es como si te estuviera leyendo las cartas.
Me detuve. Por que era cierto. El ermitaño. Así también me sentía. Era alguien solitario. Huía de la interacción social aunque eso no me había evitado de caer en mis vicios. Quería probar una mujer, y otra, y otra más.
- ¿Quieres continuar? - Dijo ella mirándome a los ojos y me tomó la mano izquierda con su derecha por encima como queriendo que la respuesta fuera que si. Pero yo me asusté. No quería que ella viera en mi interior de esa forma. Me sentía un monstruo y esos ojos parecían penetrar hasta dentro de mi alma, muy profundo.
- Cof, ejem. Quizás en otra ocasión. Yo. - Y sin querer, De forma extraña un último dibujo me llamó la atención. M ele quedé viendo de manera hipnótica y ella se dio cuenta.
- Son los amantes - dijo ella sonriendo y dando pequeños aplausos. No entendía su felicidad, parecía disfrutar mis reacciones.
- ¿Los amantes? - dije en un tono entre preocupado y atento
- Si, los amantes. Un rey y una reina que se encuentran para estar ligados hasta la eternidad. - y ramató estas palabras con un guiño. Ahora estaba convencido. Solo estaba esperando a que la tirada de cartas me costara al menos 100 dólares o algo así.
- Así que voy a conocer a alguien a quien amaré para siempre... - dije suspirando
- ¿No te alegra? Eres afortunado. Pocos son los elegidos. Unos oyen y otros jamás lo comprenden. Pero tu lo sabrás llegado el momento.
Esos ojos azules y la cabellera roja me hipnotizaron nuevamente. Ella lo notó y pude notar que me sostenía la mirada dulcemente. - ¿Cómo te llamas? - Solté finalmente. Ella había conseguido apagar mis deseos obscenos. Inclusive olvidé espiar sus senos y adivinar su tamaño. En cambio me quedé viendo sus rostro que me resultaba enigmático.
- Coco Christina - dijo lentamente mientras notaba que en su mano izquierda tenía anillos de plata con formas de hadas y mariposas. - Pero tú puedes llamarme Lure.
- ¿Lure? Ah, mucho gusto. Yo soy ...
- No... no me lo digas. Trataré de adivinarlo. - Dijo divertida. Sonreí. Por que su vibra era sana. Realmente me sentí como un niño jugando con una compañera de clase.
- Te llamas Rodrigo -
Reí.
- Ok ok. Eres difícil. Noto que eres una persona reservada. Tu aura no está del todo clara. Hmm. Te llamas Roberto.
Nuevamente reí y estaba dispuesto a decir mi nombre pero me detuvo poniéndome la mano izquierda en el pecho con reproche - Noooo. espera, un último intento.
Cerró los ojos y puso la mano derecha en el libro mientras decía - Donato -
Escuchar mi nombre en un suspiro me estremeció de una forma extraña. Sentí desde muy adentro de mi como si alguien dijera mi nombre y tuviera que ser convocado a algo. Abrió los ojos con una mirada un poco seria como si hubiese visto mis más profundos pensamientos.
- Tienes un don natural que no conoces Donato. - dijo ella
Mientras tanto un niño había pateado lejos su pelota y había llegado a los pies de ella. El niño se acercó a nosotros y la tomó como ignorando el hecho de que ahí estaba Lure. - ¿Cuánto será? - Dije con una sonrisa y haciendo un gesto de sacar mi cartera.
Ella se paró en seco y tomó su libro. - Nos vemos mañana Donato. - Y me sopló un beso. Un besó como si fuese un niño a quien consentir.
Se fue y vi como su caminar elegante la llevaba a las faldas del castillo en lo profundo de ese parque.
Me dejó atónito. Quizás se sintió ofendida. Pero dijo que nos veríamos mañana. Eso me hizo hacerme mucahs preguntas.
¿me había hecho una lectura de cartas gratis? ¿Por qué se hacía llamar Lure? ¿Sería eslava? Su tono de piel y sus ojos eran muy bonitos. ¿había visto dentro de mi? ¿Mi obscuridad, mis pecados, mi deseo por ella y por todas las mujeres atractivas?
Lo más raro era que me sentí como si hubiesen limpiado mi alma. Me quedé un rato más en la banca viendo a los niños jugar y a los comerciantes pasar. Me compré un helado y después fui a casa.