Zulma Martínez
Mar azul...
Despedida
Casi en el centro de la pequeña ciudad, estaba la Estación de ferrocarril. Se alzaba orgullosa, en su espacio estratégico, como punto de unión entre los pueblos. Era parada obligatoria o casual; ánfora repleta de emociones, de despedidas eternas, de encuentros... o de ilusiones fallidas.
De vez en cuando, presenciaba el llanto apagado de aquella niña de largas trenzas castañas, cuando despedía, en sinfonía de adioses, a esa tía toda sonrisa que le prometía volver.
Al rato, al toque de la campana que anunciaba la partida de los viajeros, muchas manos se elevaban saludando, mientras la niña de las largas trenzas enjugaba sus lágrimas con un pañuelito blanco.
Todos se quedaban unos minutos contemplando el convoy que se alejaba, y se perdía entre los campos sembrados. Después, cada uno volvía a sus rutinas, a sus alegrías y sinsabores, a sus vidas.
Hasta la partida del próximo tren.
Cálida tarde;
entre los sembradíos
avanza un tren
Casi en el centro de la pequeña ciudad, estaba la Estación de ferrocarril. Se alzaba orgullosa, en su espacio estratégico, como punto de unión entre los pueblos. Era parada obligatoria o casual; ánfora repleta de emociones, de despedidas eternas, de encuentros... o de ilusiones fallidas.
De vez en cuando, presenciaba el llanto apagado de aquella niña de largas trenzas castañas, cuando despedía, en sinfonía de adioses, a esa tía toda sonrisa que le prometía volver.
Al rato, al toque de la campana que anunciaba la partida de los viajeros, muchas manos se elevaban saludando, mientras la niña de las largas trenzas enjugaba sus lágrimas con un pañuelito blanco.
Todos se quedaban unos minutos contemplando el convoy que se alejaba, y se perdía entre los campos sembrados. Después, cada uno volvía a sus rutinas, a sus alegrías y sinsabores, a sus vidas.
Hasta la partida del próximo tren.
Cálida tarde;
entre los sembradíos
avanza un tren
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