Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
VESTIDOS DE MAR
Siempre recordaré aquella noche que pasmos juntos en la playa, cuando la luna llena emergía sobre el horizonte y los últimos rayos del sol se sumergían en el mar. Todos los bañistas se habían marchado, solo nos encontrábamos tú y yo con la playa, la luna y el mar.
En ese momento único, nos quitamos toda la ropa, entramos en el mar cogidos de las manos y nos sumergimos completamente durante dos segundos. Cuando emergimos, te dije sonriendo:
— Ya no estamos desnudos, sino vestidos de mar.
Entonces, sin pensar lo que hacíamos, nos abrazamos y sentimos el contacto de nuestros cuerpos con el mar, donde surgió la vida que llegó hasta nosotros después de millones y millones de años.
Siempre recordaré aquella noche que pasmos juntos en la playa, cuando la luna llena emergía sobre el horizonte y los últimos rayos del sol se sumergían en el mar. Todos los bañistas se habían marchado, solo nos encontrábamos tú y yo con la playa, la luna y el mar.
En ese momento único, nos quitamos toda la ropa, entramos en el mar cogidos de las manos y nos sumergimos completamente durante dos segundos. Cuando emergimos, te dije sonriendo:
— Ya no estamos desnudos, sino vestidos de mar.
Entonces, sin pensar lo que hacíamos, nos abrazamos y sentimos el contacto de nuestros cuerpos con el mar, donde surgió la vida que llegó hasta nosotros después de millones y millones de años.