Bajo el velo del silencio
habla la roca al que siente,
no con voz, sino con huecos
que el alma llena al presente.
No hay dureza que no esconda
una lágrima dormida,
ni corteza que no sea
cicatriz de alguna herida.
Yo la vi bajo la luna,
sola, entera en su quebranto,
y entendí que hasta el granito
se deshace si hay encanto.
El musgo, fiel compañero,
le arropa como un abrazo,
como el tiempo que no olvida
y se queda en cada paso.
Quién pudiera ser la ola
que la besa sin herirla,
o el viento que va y la nombra
sin pretensión de esculpirla.
Porque hay rocas que resisten,
no por fuerza… por ternura;
y al tocarlas, uno aprende
que el amor es su estructura.
habla la roca al que siente,
no con voz, sino con huecos
que el alma llena al presente.
No hay dureza que no esconda
una lágrima dormida,
ni corteza que no sea
cicatriz de alguna herida.
Yo la vi bajo la luna,
sola, entera en su quebranto,
y entendí que hasta el granito
se deshace si hay encanto.
El musgo, fiel compañero,
le arropa como un abrazo,
como el tiempo que no olvida
y se queda en cada paso.
Quién pudiera ser la ola
que la besa sin herirla,
o el viento que va y la nombra
sin pretensión de esculpirla.
Porque hay rocas que resisten,
no por fuerza… por ternura;
y al tocarlas, uno aprende
que el amor es su estructura.