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Y digo a cada momento tu nombre
entre los bostezos del atardecer,
en los primeros brotes del trigo
que poco a poco llenan al campo
con la alegría de la primavera;
pronuncio cada una de las palabras
que inundan mi febril corazón…
¿Cómo decirte que te amo en silencio
en medio de un coro desafinado?
¿Cómo abrir los pliegues de mi piel
si tu nombre arde en mi corazón?
Llevo tiempo varado en el mundo,
náufrago en el coral de tu mirada,
en la sonrisa y en los dulces abrazos
que me entregas cada mañana,
cada vez que te susurro al oído
gracias por todo, por ser mujer,
por hacer que mi corazón se rinda
y vuelva feliz a creer en el amor.
¿Cómo expresar este sentimiento
que alberga cada latido, cada verso,
si con cada una de sus palabras
grito enamorado tu nombre?
¿Cómo dejar bajo el manto áureo
la vicisitud que alberga el alma?
¿Cómo dar forma al universo
si él vive en cada una de tus letras?
Tu nombre, espiga verde en el trigal,
me hace creer de nuevo en la vida.
Y digo a cada momento tu nombre
entre los bostezos del atardecer,
en los primeros brotes del trigo
que poco a poco llenan al campo
con la alegría de la primavera;
pronuncio cada una de las palabras
que inundan mi febril corazón…
¿Cómo decirte que te amo en silencio
en medio de un coro desafinado?
¿Cómo abrir los pliegues de mi piel
si tu nombre arde en mi corazón?
Llevo tiempo varado en el mundo,
náufrago en el coral de tu mirada,
en la sonrisa y en los dulces abrazos
que me entregas cada mañana,
cada vez que te susurro al oído
gracias por todo, por ser mujer,
por hacer que mi corazón se rinda
y vuelva feliz a creer en el amor.
¿Cómo expresar este sentimiento
que alberga cada latido, cada verso,
si con cada una de sus palabras
grito enamorado tu nombre?
¿Cómo dejar bajo el manto áureo
la vicisitud que alberga el alma?
¿Cómo dar forma al universo
si él vive en cada una de tus letras?
Tu nombre, espiga verde en el trigal,
me hace creer de nuevo en la vida.