Soy una dama.
Espero en la noche a un hombre que dice ser mi marido.
Espero su burla sobre mi cena, sobre mi cuerpo, sobre mis vestidos cortos.
Espero sus golpes cuando llega borracho,
la voz dura que me llama inútil, puta, provocadora.
Soy la que se maquilla para esconder costillas rotas,
la que usa lentes oscuros para que nadie vea el miedo,
la que llora callada mientras él levanta mi falda y entra sin pedir permiso.
Soy la que se compara con chicas más jóvenes,
la que es lanzada al sofá y sufre en silencio,
la que orina de miedo cuando su enojo amenaza.
Soy la que sonríe en el poker con amigas,
la que oculta cada cicatriz y cada noche de humillación,
la que no puede trabajar porque “no sirve para nada”.
Soy la que envejece antes de tiempo,
la que aprende a caminar con miedo,
la que se calla mientras su madre repite:
“Haz las cosas bien, cuida a tu marido, es un buen hombre”.
Pero solo yo sé lo que pasa
cuando las puertas de mi casa se cierran.
Solo yo siento el peso de cada golpe,
el silencio que ahoga,
la vida robada que no tiene salida.
Por qué esperar que mis manos estén llenas
de una sangre que no es mía,
para poder escapar de este dolor,
por qué nadie me escucha antes que ocurra la desgracia,
antes que él acabe conmigo o yo con él.
Sueño con volar,
pero las cadenas están dentro de mi piel,
en cada miedo, en cada recuerdo que quema.
Sueño con escapar de este infierno
que me llama esposa,
pero que solo me deja cicatrices,
un dolor que me aprieta el pecho,
una frustración que me arrastra al vacío.
-Dior
Espero en la noche a un hombre que dice ser mi marido.
Espero su burla sobre mi cena, sobre mi cuerpo, sobre mis vestidos cortos.
Espero sus golpes cuando llega borracho,
la voz dura que me llama inútil, puta, provocadora.
Soy la que se maquilla para esconder costillas rotas,
la que usa lentes oscuros para que nadie vea el miedo,
la que llora callada mientras él levanta mi falda y entra sin pedir permiso.
Soy la que se compara con chicas más jóvenes,
la que es lanzada al sofá y sufre en silencio,
la que orina de miedo cuando su enojo amenaza.
Soy la que sonríe en el poker con amigas,
la que oculta cada cicatriz y cada noche de humillación,
la que no puede trabajar porque “no sirve para nada”.
Soy la que envejece antes de tiempo,
la que aprende a caminar con miedo,
la que se calla mientras su madre repite:
“Haz las cosas bien, cuida a tu marido, es un buen hombre”.
Pero solo yo sé lo que pasa
cuando las puertas de mi casa se cierran.
Solo yo siento el peso de cada golpe,
el silencio que ahoga,
la vida robada que no tiene salida.
Por qué esperar que mis manos estén llenas
de una sangre que no es mía,
para poder escapar de este dolor,
por qué nadie me escucha antes que ocurra la desgracia,
antes que él acabe conmigo o yo con él.
Sueño con volar,
pero las cadenas están dentro de mi piel,
en cada miedo, en cada recuerdo que quema.
Sueño con escapar de este infierno
que me llama esposa,
pero que solo me deja cicatrices,
un dolor que me aprieta el pecho,
una frustración que me arrastra al vacío.
-Dior