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Sombra y resplandor

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Así del centro del abismo de sus cielos
el sol turmalino se alza,
como el alma coherente del esclavo
en la caldera de la huida se endurece:
Así rabiosa,
y así justiciera,
se levantó del críptico umbral,
donde dormía la inerte vida muda,
ahora muerte viva,

Como enciende su guadaña adornada,
con su tesoro mayor, la condenada,

como entre todos los astros cuerdos
reina la fútil fortuna
de un amanecer tan seco como la luna;
Así rabiosa,
y así justiciera,
sobre todos los cráneos de su vientre,
sombra y resplandor,
¡surge la guerra!

Como teje sus trampas
a los ojos de impotentes creadores,
las pútridas osamentas de engendros viles,
como ruedan, se hunden, y renacen,
al inmenso tumulto inerte, la sangre;
Así hambrienta,
y así dañina,
en sus intentos lacerantes,

La cruenta servidumbre se percata
a orillas de esta matanza martirizante.

¡Allí van, contagiándose de nuestra sombra,
para compactar la pesadez de un dios inmolado!
¡Allí van, vomitándose entre sí,
motivo a motivo, la enfermedad!
Allí se hunde,
allí renace,
el universo,
tal como emergió
desde la mente de un creador,
entre sombra y ceniza lumínica.

Que así herida
y así justiciera,
desde todos los centros de sus almas,

sombra y resplandor,

¡surgió mi mundo!.










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Así del centro del abismo de sus cielos
el sol turmalino se alza,
como el alma coherente del esclavo
en la caldera de la huida se endurece:
Así rabiosa,
y así justiciera,
se levantó del críptico umbral,
donde dormía la inerte vida muda,
ahora muerte viva,

Como enciende su guadaña adornada,
con su tesoro mayor, la condenada,

como entre todos los astros cuerdos
reina la fútil fortuna
de un amanecer tan seco como la luna;
Así rabiosa,
y así justiciera,
sobre todos los cráneos de su vientre,
sombra y resplandor,
¡surge la guerra!

Como teje sus trampas
a los ojos de impotentes creadores,
las pútridas osamentas de engendros viles,
como ruedan, se hunden, y renacen,
al inmenso tumulto inerte, la sangre;
Así hambrienta,
y así dañina,
en sus intentos lacerantes,

La cruenta servidumbre se percata
a orillas de esta matanza martirizante.

¡Allí van, contagiándose de nuestra sombra,
para compactar la pesadez de un dios inmolado!
¡Allí van, vomitándose entre sí,
motivo a motivo, la enfermedad!
Allí se hunde,
allí renace,
el universo,
tal como emergió
desde la mente de un creador,
entre sombra y ceniza lumínica.

Que así herida
y así justiciera,
desde todos los centros de sus almas,

sombra y resplandor,

¡surgió mi mundo!.










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La imagen de un dios inmolado implica sacrificio y sufrimiento como parte de la esencia de la existencia.

Saludos nuevamente
 

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