Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
La luz no viene entera,
se derrama en fragmentos,
como cristales rotos
en un espejo del alma.
Cada fragmento guarda
un secreto distinto:
un recuerdo que duele,
un suspiro que ilumina,
una esperanza dormida
bajo la sombra de los días.
Camino entre fragmentos,
pisando trozos de aurora,
recogiendo destellos
que no saben de miedo,
que no entienden de límites,
que son polvo y cielo a la vez.
La luz, aprendí,
no se encuentra en la plenitud,
sino en las grietas,
donde los sueños se cuelan
y el alma se reconstruye.
Y cuando cierro los ojos,
la luz se vuelve entera otra vez,
no porque la haya encontrado,
sino porque comprendí
que soy yo quien la ha tejido
con hilos invisibles
de amor, de dolor y de eternidad.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados
se derrama en fragmentos,
como cristales rotos
en un espejo del alma.
Cada fragmento guarda
un secreto distinto:
un recuerdo que duele,
un suspiro que ilumina,
una esperanza dormida
bajo la sombra de los días.
Camino entre fragmentos,
pisando trozos de aurora,
recogiendo destellos
que no saben de miedo,
que no entienden de límites,
que son polvo y cielo a la vez.
La luz, aprendí,
no se encuentra en la plenitud,
sino en las grietas,
donde los sueños se cuelan
y el alma se reconstruye.
Y cuando cierro los ojos,
la luz se vuelve entera otra vez,
no porque la haya encontrado,
sino porque comprendí
que soy yo quien la ha tejido
con hilos invisibles
de amor, de dolor y de eternidad.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados