Mauro
Mauricio Figueroa
los lugares de antaño.
Basta con despoblar la aldea
y observar cómo lo consume todo:
el musgo cubre los cimientos,
las zarzas reclaman los patios,
y en la plaza donde jugaban los niños
solo queda el eco de sus risas.
A veces soy como el agua
que lentamente destruye la piedra,
paciente,
con la calma de quien sabe
que el tiempo no tiene dueño.
Otras veces soy el torrente impetuoso
que arrasa con todo en su antiguo paso,
la furia del invierno
que recuerda las raíces bajo la tierra,
los cauces olvidados
por la memoria de los hombres.
La naturaleza siempre recuerda,
cómo yo te recuerdo.
Tú esperas entre las sombras,
en los futuros próximos o exidistantes.
Allí donde el recuerdo lo cubre todo,
donde el viento repite los nombres
de lo que fuimos,
y el polvo del camino
se aferra a los pies
como queriendo retenernos.
Mauricio