Momento

dragon_ecu

Esporádico permanente
El café se enfrío.
Un charco oscuro en el fondo de la taza de porcelana desconchada,
la misma que usaba desde hacía años.

El frío pasaba de la taza a los dedos,
volviendo escarcha el sudor nervioso.

Afuera, llovía lo que parecía ser lodo.
Gotas sucias resbalando por el cristal sucio,
teñían de óxido plomizo las luces de neón del callejón.

Eran ya tres días sentado en la misma silla,
con la misma ropa,
con la misma cama deshecha,
la basura acumulada en un orden constante
y las telarañas respirando
vahos de humo añejo.

La cómoda abierta parecía una boca muda
callando el vacío de la ropa ausente.
Los ligueros y baby dolls,
la vieja batona raída,
las enaguas y fajas...
ya nada estaba.

Un tic nervioso abrió su mano
cuando la taza obedeció a la naturaleza
en un impacto ruidoso despidiendo añicos al aire
al menos el silencio cedió su espacio...
hasta que cada fragmento convirtiera
los sonidos en estrellas desperdigadas
en un cielo de piso lodoso.

Y de pronto una risa rompe el momento
― ¡JA!
― Mi última taza.
― Ya nada me ata.
― Nada me detiene.

Hasta que recordó...
 
El café se enfrío.
Un charco oscuro en el fondo de la taza de porcelana desconchada,
la misma que usaba desde hacía años.

El frío pasaba de la taza a los dedos,
volviendo escarcha el sudor nervioso.

Afuera, llovía lo que parecía ser lodo.
Gotas sucias resbalando por el cristal sucio,
teñían de óxido plomizo las luces de neón del callejón.

Eran ya tres días sentado en la misma silla,
con la misma ropa,
con la misma cama deshecha,
la basura acumulada en un orden constante
y las telarañas respirando
vahos de humo añejo.

La cómoda abierta parecía una boca muda
callando el vacío de la ropa ausente.
Los ligueros y baby dolls,
la vieja batona raída,
las enaguas y fajas...
ya nada estaba.

Un tic nervioso abrió su mano
cuando la taza obedeció a la naturaleza
en un impacto ruidoso despidiendo añicos al aire
al menos el silencio cedió su espacio...
hasta que cada fragmento convirtiera
los sonidos en estrellas desperdigadas
en un cielo de piso lodoso.

Y de pronto una risa rompe el momento
― ¡JA!
― Mi última taza.
― Ya nada me ata.
― Nada me detiene.

Hasta que recordó...
Cuantas veces nos hemos encontrado atrapado en un ciclo de soledad y abandono.
Tristemente cuando cargamos con las cadenas del pasado, nos mantiene prisionero en nuestra soledad.

Saludos
 
El café se enfrío.
Un charco oscuro en el fondo de la taza de porcelana desconchada,
la misma que usaba desde hacía años.

El frío pasaba de la taza a los dedos,
volviendo escarcha el sudor nervioso.

Afuera, llovía lo que parecía ser lodo.
Gotas sucias resbalando por el cristal sucio,
teñían de óxido plomizo las luces de neón del callejón.

Eran ya tres días sentado en la misma silla,
con la misma ropa,
con la misma cama deshecha,
la basura acumulada en un orden constante
y las telarañas respirando
vahos de humo añejo.

La cómoda abierta parecía una boca muda
callando el vacío de la ropa ausente.
Los ligueros y baby dolls,
la vieja batona raída,
las enaguas y fajas...
ya nada estaba.

Un tic nervioso abrió su mano
cuando la taza obedeció a la naturaleza
en un impacto ruidoso despidiendo añicos al aire
al menos el silencio cedió su espacio...
hasta que cada fragmento convirtiera
los sonidos en estrellas desperdigadas
en un cielo de piso lodoso.

Y de pronto una risa rompe el momento
― ¡JA!
― Mi última taza.
― Ya nada me ata.
― Nada me detiene.

Hasta que recordó...
Ay, que triste y desolado panorama que sugiere mucho más que lo que dice. Un gusto leerte.
 

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