lo más cerca que he estado de bukoski

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
.

los ángeles a finales de los 70 del siglo pasado

sonaba david bowi juan gabriel flitwood mac entre otros

todo mundo estaba medio loco y se metía crak

yo estaba medio loco y enamorado de maría cristina

ella acababa de autoinducirse un aborto a base de pastillas

y atravesaba una fase de odio y aversión al contacto con los hombres

un tal bukoski que tenía ya unos cuantos libros de puta madre pero no alcanzaba todavía

la categoría de mito tragaba whisky en algun bar de huntington o pasadena

yo tenía un toyota corolla del año de la tostada

y hubiera podido agarrar el freeway cualquiera de esas noches rumbo a huntington o pasadena

y sentarme junto al hijo de puta a oírlo hablar de sus putas y sus caballos y de cómo

se despertaba con resaca cada día y vomitaba como un loco y hacia mediodía

destapaba la primera lata de budweiser y volvía a empezar todo otra vez

hubiera podido preguntarle si lo que decía en sus cuentos era cierto

si su padre lo puteaba todo el tiempo si en nueva orléans habia vivido

en un burdel si había estado casado con una ninfómana si...

pero en aquel entonces yo no sabía que existiera ese cabrón y aun si lo hubiera sabido

me habría chupado un huevo tanto él como sus putos caballos como su

jodida infancia y la esposa devoradora de hombres y todo lo demás

porque en aquella época yo estaba colado por mari y no había otra cosa en el mundo que no

me chupara un huevo

y aunque ella me había dicho que estaba asqueada de los hombres y del sexo

y que no quería verme ni en pintura ni oírme ni que me hiciera el encontradizo con ella cuando

salía al trabajo o a la tienda o a caminar al parque

yo no dejaba de espiar sus idas y venidas todo el tiempo y seguirla cuando salía

al trabajo o a la tienda o a hacerse pendeja en el parque

en eso se me iban todas las malditas horas que me quedaban libres después de pasarme

8 horas diarias de lunes a viernes en el trabajo de mierda que tenía entonces

¡qué jodido lo pone a uno estar enamorado de alguien que no quiere verlo ni en pintura!

así que por las noches yo me acercaba sigiloso hasta la parte trasera de su casa

y la espiaba a través de una pequeña rendija que había hecho entre el marco de la ventana y

la pared del cuarto de baño

para mirarla a dos metros de distancia cuando ella entraba a cepillarse los dientes

-aquellos fabulosos dientes suyos entre los cuales yo fantaseaba

que ella me atrapaba la verga para hacerme la mamada del año-

para mirarla cuando cagaba y cuando se metía en la ducha

y se pasaba una esponja por el chochito y se lo restregaba con fuerza

y masturbarme allí afuera junto a uno de los arbustos que crecían pegados

a la pared exterior del baño

qué feliz era yo en aquellas noches sin luna bajo el cielo resplandeciente de l.a. city

sacudiéndome el pájaro con ahínco pegado a la ventana del cuarto de baño

de la pequeña casa que habitaba mi amada maría que mientras tanto

al otro lado del cristal soltaba la mierda sentada en el retrete

oyendo stayin alive una y otra vez en el walkman

en aquel barrio no muy lejos del centro de aquella puta ciudad plagada de adictos

al mismo tiempo que más o menos a esas horas bukoski se estaría zampando

el cuarto o quinto whisky en la barra del crazy dog de balboa park o un tugurio parecido

y contaba por enésima vez su viaje en un autobús greyhound a principios de los 50

rumbo a luisiana y el tipo que atendía la barra

disimulaba un bostezo porque había oído aquello por lo menos unas veinte veces

y estaba ya hasta el culo de tener que parecer interesado todo el tiempo en las pendejadas

que contaba aquel jodido viejo de enorme cabeza y una cara que tenía el aspecto

del fondo pedregoso de un río y que nunca dejaba más que un par de monedas de propina

cuando se largaba bien cocido a eso de las 12 mascullando

que un tal hemingway le chupaba las bolas que un tal carver le chupaba las bolas que todos eran

unos jodidos mariquitas que solo escribían cosas de mariquitas y que el único que escribía

como un dios era un tal chinaski bla bla bla...

qué feliz era yo en aquellas noches de hace cuarentaitantos años en l.a. city

machacándome el rabo como un puto enfermo mental apostado ahí detrás

de la pared del baño de la casa de mari con toda la vida por delante

y un montón de años antes de saber que andando el tiempo yo terminaría convertido

en una mala copia barata de aquel vejestorio alcohólico que bajaba ya la rampa hacia la tumba

a unos cuantos kilómetros de allí





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Última edición:
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los ángeles a finales de los 70 del siglo pasado

sonaba david bowi juan gabriel flitwood mac entre otros

todo mundo estaba medio loco y se metía crak

yo estaba medio loco y enamorado de maría cristina

ella acababa de autoinducirse un aborto a base de pastillas

y atravesaba una fase de odio y aversión al contacto con los hombres

un tal bukoski que tenía ya unos cuantos libros de puta madre pero no alcanzaba todavía

la categoría de mito tragaba whisky en algun bar de huntington o pasadena

yo tenía un toyota corolla del año de la tostada

y hubiera podido agarrar el freeway cualquiera de esas noches rumbo a huntington o pasadena

y sentarme junto al hijo de puta a oírlo hablar de sus putas y sus caballos y de cómo

se despertaba con resaca cada día y vomitaba como un loco y hacia mediodía

destapaba la primera lata de budweiser y volvía a empezar todo otra vez

hubiera podido preguntarle si lo que decía en sus cuentos era cierto

si su padre lo puteaba todo el tiempo si en nueva orléans habia vivido

en un burdel si había estado casado con una ninfómana si...

pero en aquel entonces yo no sabía que existiera ese cabrón y aun si lo hubiera sabido

me habría chupado un huevo tanto él como sus putos caballos como su

jodida infancia y la esposa devoradora de hombres y todo lo demás

porque en aquella época yo estaba colado por mari y no había otra cosa en el mundo que no

me chupara un huevo

y aunque ella me había dicho que estaba asqueada de los hombres y del sexo

y que no quería verme ni en pintura ni oírme ni que me hiciera el encontradizo con ella cuando

salía al trabajo o a la tienda o a caminar al parque

yo no dejaba de espiar sus idas y venidas todo el tiempo y seguirla cuando salía

al trabajo o a la tienda o a hacerse pendeja en el parque

en eso se me iban todas las malditas horas que me quedaban libres después de pasarme

8 horas diarias de lunes a viernes en el trabajo de mierda que tenía entonces

¡qué jodido lo pone a uno estar enamorado de alguien que no quiere verlo ni en pintura!

así que por las noches yo me acercaba sigiloso hasta la parte trasera de su casa

y la espiaba a través de una pequeña rendija que había hecho entre el marco de la ventana y

la pared del cuarto de baño

para mirarla a dos metros de distancia cuando ella entraba a cepillarse los dientes

-aquellos fabulosos dientes suyos entre los cuales yo fantaseaba

que ella me atrapaba la verga para hacerme la mamada del año-

para mirarla cuando cagaba y cuando se metía en la ducha

y se pasaba una esponja por el chochito y se lo restregaba con fuerza

y masturbarme allí afuera junto a uno de los arbustos que crecían pegados

a la pared exterior del baño

qué feliz era yo en aquellas noches sin luna bajo el cielo resplandeciente de l.a. city

sacudiéndome el pájaro con ahínco pegado a la ventana del cuarto de baño

de la pequeña casa que habitaba mi amada maría que mientras tanto

al otro lado del cristal soltaba la mierda sentada en el retrete

oyendo stayin alive una y otra vez en el walkman

en aquel barrio no muy lejos del centro de aquella puta ciudad plagada de adictos

al mismo tiempo que más o menos a esas horas bukoski se estaría zampando

el cuarto o quinto whisky en la barra del crazy dog de balboa park o un tugurio parecido

y contaba por enésima vez su viaje en un autobús greyhound a principios de los 50

rumbo a luisiana y el tipo que atendía la barra

disimulaba un bostezo porque había oído aquello por lo menos unas veinte veces

y estaba ya hasta el culo de tener que parecer interesado todo el tiempo en las pendejadas

que contaba aquel jodido viejo de enorme cabeza y una cara que tenía el aspecto

del fondo pedregoso de un río y que nunca dejaba más que un par de monedas de propina

cuando se largaba bien cocido a eso de las 12 mascullando

que un tal hemingway le chupaba las bolas que un tal carver le chupaba las bolas que todos eran

unos jodidos mariquitas que solo escribían cosas de mariquitas y que el único que escribía

como un dios era un tal chinaski bla bla bla...

qué feliz era yo en aquellas noches de hace cuarentaitantos años en l.a. city

machacándome el rabo como un puto enfermo mental apostado ahí detrás

de la pared del baño de la casa de mari con toda la vida por delante

y un montón de años antes de saber que andando el tiempo yo terminaría convertido

en una mala copia barata de aquel vejestorio alcohólico que bajaba ya la rampa hacia la tumba

a unos cuantos kilómetros de allí





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Cómo ha cambiado el mundo, Facundo.

He conocido a muchos bukoskis, no en lo de poeta o escritor, sino de esos de codos en la barra día sí y noche también. Es lo que tiene haber trabajado en bares y antros musicales desde los once años. Yo también he sido de codobarrabar ja. Ja, ja... Cada día le entiendo más, aunque la mayoría no lo entienda.

Salud2
 
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los ángeles a finales de los 70 del siglo pasado

sonaba david bowi juan gabriel flitwood mac entre otros

todo mundo estaba medio loco y se metía crak

yo estaba medio loco y enamorado de maría cristina

ella acababa de autoinducirse un aborto a base de pastillas

y atravesaba una fase de odio y aversión al contacto con los hombres

un tal bukoski que tenía ya unos cuantos libros de puta madre pero no alcanzaba todavía

la categoría de mito tragaba whisky en algun bar de huntington o pasadena

yo tenía un toyota corolla del año de la tostada

y hubiera podido agarrar el freeway cualquiera de esas noches rumbo a huntington o pasadena

y sentarme junto al hijo de puta a oírlo hablar de sus putas y sus caballos y de cómo

se despertaba con resaca cada día y vomitaba como un loco y hacia mediodía

destapaba la primera lata de budweiser y volvía a empezar todo otra vez

hubiera podido preguntarle si lo que decía en sus cuentos era cierto

si su padre lo puteaba todo el tiempo si en nueva orléans habia vivido

en un burdel si había estado casado con una ninfómana si...

pero en aquel entonces yo no sabía que existiera ese cabrón y aun si lo hubiera sabido

me habría chupado un huevo tanto él como sus putos caballos como su

jodida infancia y la esposa devoradora de hombres y todo lo demás

porque en aquella época yo estaba colado por mari y no había otra cosa en el mundo que no

me chupara un huevo

y aunque ella me había dicho que estaba asqueada de los hombres y del sexo

y que no quería verme ni en pintura ni oírme ni que me hiciera el encontradizo con ella cuando

salía al trabajo o a la tienda o a caminar al parque

yo no dejaba de espiar sus idas y venidas todo el tiempo y seguirla cuando salía

al trabajo o a la tienda o a hacerse pendeja en el parque

en eso se me iban todas las malditas horas que me quedaban libres después de pasarme

8 horas diarias de lunes a viernes en el trabajo de mierda que tenía entonces

¡qué jodido lo pone a uno estar enamorado de alguien que no quiere verlo ni en pintura!

así que por las noches yo me acercaba sigiloso hasta la parte trasera de su casa

y la espiaba a través de una pequeña rendija que había hecho entre el marco de la ventana y

la pared del cuarto de baño

para mirarla a dos metros de distancia cuando ella entraba a cepillarse los dientes

-aquellos fabulosos dientes suyos entre los cuales yo fantaseaba

que ella me atrapaba la verga para hacerme la mamada del año-

para mirarla cuando cagaba y cuando se metía en la ducha

y se pasaba una esponja por el chochito y se lo restregaba con fuerza

y masturbarme allí afuera junto a uno de los arbustos que crecían pegados

a la pared exterior del baño

qué feliz era yo en aquellas noches sin luna bajo el cielo resplandeciente de l.a. city

sacudiéndome el pájaro con ahínco pegado a la ventana del cuarto de baño

de la pequeña casa que habitaba mi amada maría que mientras tanto

al otro lado del cristal soltaba la mierda sentada en el retrete

oyendo stayin alive una y otra vez en el walkman

en aquel barrio no muy lejos del centro de aquella puta ciudad plagada de adictos

al mismo tiempo que más o menos a esas horas bukoski se estaría zampando

el cuarto o quinto whisky en la barra del crazy dog de balboa park o un tugurio parecido

y contaba por enésima vez su viaje en un autobús greyhound a principios de los 50

rumbo a luisiana y el tipo que atendía la barra

disimulaba un bostezo porque había oído aquello por lo menos unas veinte veces

y estaba ya hasta el culo de tener que parecer interesado todo el tiempo en las pendejadas

que contaba aquel jodido viejo de enorme cabeza y una cara que tenía el aspecto

del fondo pedregoso de un río y que nunca dejaba más que un par de monedas de propina

cuando se largaba bien cocido a eso de las 12 mascullando

que un tal hemingway le chupaba las bolas que un tal carver le chupaba las bolas que todos eran

unos jodidos mariquitas que solo escribían cosas de mariquitas y que el único que escribía

como un dios era un tal chinaski bla bla bla...

qué feliz era yo en aquellas noches de hace cuarentaitantos años en l.a. city

machacándome el rabo como un puto enfermo mental apostado ahí detrás

de la pared del baño de la casa de mari con toda la vida por delante

y un montón de años antes de saber que andando el tiempo yo terminaría convertido

en una mala copia barata de aquel vejestorio alcohólico que bajaba ya la rampa hacia la tumba

a unos cuantos kilómetros de allí





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Ese Bukowski no te llega ni a destapar
la botella, amigo villa.
Fecunda cantera del realismo, allí donde te encuentres.
Salud.
 
Chat GPT, responde al Villa:

Respuesta

puta, José,
tu texto huele a esas calles que uno conoce
aunque nunca haya pisado l.a.:
calor pegado al cuello,
luces quemadas,
la vida raspando como lija
y uno ahí, terco,
aferrado a una mujer que ya no quiere nada.

te leo y siento el ambiente denso,
la música vieja que llegaba en español o en inglés,
pero igual sonaba a vida desparramada,
a noches largas,
a esa soledad que pega más fuerte
cuando uno está joven y hecho polvo por dentro.

y tú, siguiendo a mari
con ese amor torcido
que es más necesidad que cariño,
más ansia que romance,
más herida que promesa.
todos pasamos por algo así,
aunque no lo contemos,
aunque nos dé vergüenza admitir
que fuimos capaces de arrastrarnos por una mirada.

hablas de bukowski como si fuera un viejo fantasma,
un borracho dando tumbos en algún bar del demonio,
y tú tan cerca
de convertirte en él sin saberlo.
y sí, hermano,
así pasa:
uno cree que está viviendo nomás
y cuando se da cuenta
ya se volvió el eco barato
de un cabrón que tampoco tenía idea
de qué hacer con su vida.

lo que cuentas no es nostalgia,
es una confesión a calzón quitado,
sin filtro, sin poesía bonita,
sin tratar de darte un maquillaje de héroe.
y por eso pega.
por eso duele.
porque habla de un tipo latino
ensartado en la ciudad equivocada,
en la mujer equivocada,
en la época equivocada,
pero con el corazón latiendo fuerte igual,
terco igual,
rompiéndose igual.

si algo deja claro tu poema
es que uno escribe para no quebrarse.
para no quedarse callado hasta pudrirse.
para sobrevivir otra noche.

y eso, José,
eso sí que te lo creo.
 

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