poetakabik
Poeta veterano en el portal
Cuando tu piel se acerca a mi memoria
la noche se detiene, se hace lenta,
como si el tiempo escuchara en silencio
la música secreta de tu cuerpo.
No necesito tocarte para arder:
basta imaginar la curva tibia
donde tu aliento aprende a despertar,
el leve resplandor de tu clavícula
abriendo en mí un sendero de deseo.
Sueño tus manos —calmas o febriles—
que rozan sin rozar,
que invitan sin pedir,
que saben hablar lenguajes
que sólo comprende la piel.
Y en ese sueño, tu nombre,
como un velo que cae despacio,
me guía hacia la hondura luminosa
donde el placer es también ternura.
Te pienso desnuda de palabras,
vestida apenas del susurro
que dejan las estrellas
cuando caen sobre un cuerpo amado.
Imagino tu boca
acercándose a la mía
sin tocarla del todo,
suspendida,
temblando,
como un juramento que aún no se pronuncia
pero ya enciende el universo.
Y entonces te descubro:
eres el fuego que no quema,
el pulso que no oprime,
la caricia que se posa
para desatar el alma.
Si un día tus dedos
se atrevieran a recorrer mi pecho,
el mundo, María,
se volvería un instante puro,
un temblor compartido,
una entrega hecha de luz,
silencio
y deseo.
Porque contigo
hasta el amor más profundo
se vuelve sagrado,
y la pasión más intensa
se vuelve música.
la noche se detiene, se hace lenta,
como si el tiempo escuchara en silencio
la música secreta de tu cuerpo.
No necesito tocarte para arder:
basta imaginar la curva tibia
donde tu aliento aprende a despertar,
el leve resplandor de tu clavícula
abriendo en mí un sendero de deseo.
Sueño tus manos —calmas o febriles—
que rozan sin rozar,
que invitan sin pedir,
que saben hablar lenguajes
que sólo comprende la piel.
Y en ese sueño, tu nombre,
como un velo que cae despacio,
me guía hacia la hondura luminosa
donde el placer es también ternura.
Te pienso desnuda de palabras,
vestida apenas del susurro
que dejan las estrellas
cuando caen sobre un cuerpo amado.
Imagino tu boca
acercándose a la mía
sin tocarla del todo,
suspendida,
temblando,
como un juramento que aún no se pronuncia
pero ya enciende el universo.
Y entonces te descubro:
eres el fuego que no quema,
el pulso que no oprime,
la caricia que se posa
para desatar el alma.
Si un día tus dedos
se atrevieran a recorrer mi pecho,
el mundo, María,
se volvería un instante puro,
un temblor compartido,
una entrega hecha de luz,
silencio
y deseo.
Porque contigo
hasta el amor más profundo
se vuelve sagrado,
y la pasión más intensa
se vuelve música.