IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Heredamos el dolor primero,
de una vida que no quiere sufrir,
de una vida que anhela no morir,
aún conociendo el dolor,
imaginamos como otra vida
podría acostumbrarse al hambre,
al vacío de no sentirse comprendido,
vuelan alto las nubes,
queriendo desprenderse de esta tierra,
que solo sabe llorarle al pasado,
entre multitud amenazante,
nos vemos forzados emocionalmente
a no pronunciar nuestra verdad,
aún bajo los lineamientos
de una divinidad omnipotente,
nunca podrán quitarle
a nuestra tormenta
su odio,
esta existencia se esparce
en contra de nuestra finitud,
aquellos inocentes,
agradecen la tortura,
no aceptan la muerte,
porque admiran
la asquerosidad visceral
de nuestros espásticos cadáveres,
quedará la herida,
para que alguien la descifre,
y viva empecinado
en transmitir lo que no ha entendido,
quedará abierta,
para advertirle a la ilusión del afortunado,
las desgracias que subyacen
bajo las cosechas de los días,
y así como el viento nos quita el habla,
quedarán nuestros intentos sepultados,
para que el olvido nos susurre
por primera y última vez,
que nunca hemos de haber podido
remediar el dolor de haber existido.
de una vida que no quiere sufrir,
de una vida que anhela no morir,
aún conociendo el dolor,
imaginamos como otra vida
podría acostumbrarse al hambre,
al vacío de no sentirse comprendido,
vuelan alto las nubes,
queriendo desprenderse de esta tierra,
que solo sabe llorarle al pasado,
entre multitud amenazante,
nos vemos forzados emocionalmente
a no pronunciar nuestra verdad,
aún bajo los lineamientos
de una divinidad omnipotente,
nunca podrán quitarle
a nuestra tormenta
su odio,
esta existencia se esparce
en contra de nuestra finitud,
aquellos inocentes,
agradecen la tortura,
no aceptan la muerte,
porque admiran
la asquerosidad visceral
de nuestros espásticos cadáveres,
quedará la herida,
para que alguien la descifre,
y viva empecinado
en transmitir lo que no ha entendido,
quedará abierta,
para advertirle a la ilusión del afortunado,
las desgracias que subyacen
bajo las cosechas de los días,
y así como el viento nos quita el habla,
quedarán nuestros intentos sepultados,
para que el olvido nos susurre
por primera y última vez,
que nunca hemos de haber podido
remediar el dolor de haber existido.