Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una hora y
otra hora, pasan
en la inmovilidad del tiempo
detenido en la esfera
de un reloj sin manecillas,
quieto en la clepsidra
que espera aguas, para ponerse
en movimiento.
Una hora y
otra hora, se van clavando,
terebrantes,
en la piel endurecida,
en el ser íntimo,
envejeciendo
en la eternidad del día,
exprimiendo lunas,
bebiendo
néctar de estrellas y noche,
que no sacia
la sed de existir,
indiferente,
resistente a todo.
Hay un dolor
lancinante,
de minutos que escapan
a la vida.
Y la vida, el vivir, es sólo
una palabra
que busca ansiosamente
un contenido.
Una hora y
otra hora, que quisiera oír
cantadas en carillón,
cobijado en tu regazo,
retenido en tus amores
como en un blanco cedazo.
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