Ziler
Poeta recién llegado
Me angustia que mi inspiración brote de este vacío cenital bajo la idea de que, al escribir, solo hago ostentación de mi propio ocaso. Me invade la certeza de saber que mi sepulcro estará deshabitado porque no descansaré ni en la cama donde hoy me rindo. Ese lecho, ornamentado con flores decapitadas más inertes que mi propio cuerpo, sucumbirá a un mutismo eterno que hoy me incita a beber.
Me marcharé en paz sabiendo que en vida me volví un obseso para no ser devorado por la inevitable nada. Soy como un astronauta que no teme a la inmensidad del frío espacio pese a presenciar cómo la gravedad de sus heridas sigue drenando melancolías, simplemente por recordar un pesado féretro. Nuestra leyenda quedará reducida a una fábula inmemorial en mi trayectoria, con tus restos y los míos mezclados finalmente entre las cenizas de mi cenicero.
Tras años de costear mi propia fianza, creí hallar en su cabello una nueva génesis del mundo. Pretendí burlar al desamparo y supuse que todo marcharía bien al verte allí, mas no contaba con el repudio divino ni con los celos de la muerte, que en su afán de ver cómo me arrancabas las entrañas se quedaron habitando con susurros los renglones del papel, desollando sin reparo esta armadura de lana y mostrándome otra tumba que visito sin cadáver.
Me marcharé en paz sabiendo que en vida me volví un obseso para no ser devorado por la inevitable nada. Soy como un astronauta que no teme a la inmensidad del frío espacio pese a presenciar cómo la gravedad de sus heridas sigue drenando melancolías, simplemente por recordar un pesado féretro. Nuestra leyenda quedará reducida a una fábula inmemorial en mi trayectoria, con tus restos y los míos mezclados finalmente entre las cenizas de mi cenicero.
Tras años de costear mi propia fianza, creí hallar en su cabello una nueva génesis del mundo. Pretendí burlar al desamparo y supuse que todo marcharía bien al verte allí, mas no contaba con el repudio divino ni con los celos de la muerte, que en su afán de ver cómo me arrancabas las entrañas se quedaron habitando con susurros los renglones del papel, desollando sin reparo esta armadura de lana y mostrándome otra tumba que visito sin cadáver.
Última edición: