Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
...
Bebe el Poeta, y se dice:
“Cual la última moneda
de mi lírico alcoholismo,
bajo su manta nublosa,
la luna, muy sigilosa,
se desliza temerosa
que yo, me la gaste en vino.
Pero es tarde; ¡ya la he visto!
Y la luna, con tu rostro,
que no beba más, me pide.
Pero mi duda me exige:
“¡Bebe poeta, y escribe!
¡Te está engañando con otro!”
Y la luna, con tu rostro:
"¡qué no le crea!", me implora.
"¡Qué es mentira de la musa!
¡Qué siempre ha sido una intrusa!
¡Qué ella se fue por su culpa!
¡Qué volverá con la aurora!”
Y el vino, grita: “¡Deshonra!
¡A mí, me debes tu ingenio!
¡Llena hasta el borde tu vaso,
y a nadie más hagas caso
que a los que no te dejamos:
la musa, el vino y tus versos!”
Y quedó sin luna el cielo.
…………………………..
Y la noche, entre gemidos
por su poeta y por ella;
lamenta llorando estrellas:
“¡Qué desgracia! ¡Qué tristeza!
¡Gastarse mi luna en vino!”
Y con permiso divino
y con maternal terneza,
suplica al noble lucero
que ilumine el mal sendero
por donde su hijo bohemio,
con paso incierto, regresa.
Y ya seguro en su pieza,
tenaz, en su ebrio motivo,
tienta… ¡gastarse el lucero!
Varón éste, y pendenciero,
con el puñal de un destello
¡doblega al genio del vino!
La noche, viendo a su niño
mientras borracho descansa,
peinándolo con su brisa,
le susurra entre caricias;
resignada y condolida:
“Mañana...tendré más plata.”
©JuanOriental
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Bebe el Poeta, y se dice:
“Cual la última moneda
de mi lírico alcoholismo,
bajo su manta nublosa,
la luna, muy sigilosa,
se desliza temerosa
que yo, me la gaste en vino.
Pero es tarde; ¡ya la he visto!
Y la luna, con tu rostro,
que no beba más, me pide.
Pero mi duda me exige:
“¡Bebe poeta, y escribe!
¡Te está engañando con otro!”
Y la luna, con tu rostro:
"¡qué no le crea!", me implora.
"¡Qué es mentira de la musa!
¡Qué siempre ha sido una intrusa!
¡Qué ella se fue por su culpa!
¡Qué volverá con la aurora!”
Y el vino, grita: “¡Deshonra!
¡A mí, me debes tu ingenio!
¡Llena hasta el borde tu vaso,
y a nadie más hagas caso
que a los que no te dejamos:
la musa, el vino y tus versos!”
Y quedó sin luna el cielo.
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Y la noche, entre gemidos
por su poeta y por ella;
lamenta llorando estrellas:
“¡Qué desgracia! ¡Qué tristeza!
¡Gastarse mi luna en vino!”
Y con permiso divino
y con maternal terneza,
suplica al noble lucero
que ilumine el mal sendero
por donde su hijo bohemio,
con paso incierto, regresa.
Y ya seguro en su pieza,
tenaz, en su ebrio motivo,
tienta… ¡gastarse el lucero!
Varón éste, y pendenciero,
con el puñal de un destello
¡doblega al genio del vino!
La noche, viendo a su niño
mientras borracho descansa,
peinándolo con su brisa,
le susurra entre caricias;
resignada y condolida:
“Mañana...tendré más plata.”
©JuanOriental
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