Mi tiempo se congela mientras miro al frente.
Todo me es tan conocido y, a la vez, tan ajeno.
Quizás demasiado a las personas yo condeno.
¿Me habré sentido adecuada antaño?
Sé, mejor que nadie, que la respuesta sería un no.
Porque, aun así, seguiría siendo algo extraño.
Pero me gusta pensar que en algún momento,
aunque sea breve y pasajero,
me sentí parte de este mundo tan impredecible
y dejé de ser un perdido extranjero.
Es contradictorio sentirse como un ser externo
cuando, al igual que el resto, participo activamente.
¿Mi lejanía con la existencia es algo sempiterno?
Esto me carcome por dentro diariamente,
y, al pensarlo mucho, me aterra un poco,
por lo que suelo evitar o distraerme de tal idea,
pues, de forma agobiante, me retuerce el pecho.
Sé que la solución no es escapar tampoco,
pero no encuentro otra manera de enfrentar el hecho
de que soy, en cualquier momento, lo que desentona
en este entorno tan organizado y sistemático.
Juro que doy todo de mí para lograrlo,
pero simplemente algo no está funcionando.
Y mientras más tiempo intento ignorarlo,
más me ahoga lo que estoy evitando.
No logro encontrar el lugar donde pertenezco.
Ni el día en que el ritmo al que bailo sea aceptado.
Cuanto más corro detrás del mundo, más enloquezco,
y solo en mis ensoñaciones encontraré ese mundo anhelado,
en el cual no veo todo tan lejano
y eternamente ya no caigo
en el cruel y angustiante desarraigo
al que el mundo me ha atado.
Todo me es tan conocido y, a la vez, tan ajeno.
Quizás demasiado a las personas yo condeno.
¿Me habré sentido adecuada antaño?
Sé, mejor que nadie, que la respuesta sería un no.
Porque, aun así, seguiría siendo algo extraño.
Pero me gusta pensar que en algún momento,
aunque sea breve y pasajero,
me sentí parte de este mundo tan impredecible
y dejé de ser un perdido extranjero.
Es contradictorio sentirse como un ser externo
cuando, al igual que el resto, participo activamente.
¿Mi lejanía con la existencia es algo sempiterno?
Esto me carcome por dentro diariamente,
y, al pensarlo mucho, me aterra un poco,
por lo que suelo evitar o distraerme de tal idea,
pues, de forma agobiante, me retuerce el pecho.
Sé que la solución no es escapar tampoco,
pero no encuentro otra manera de enfrentar el hecho
de que soy, en cualquier momento, lo que desentona
en este entorno tan organizado y sistemático.
Juro que doy todo de mí para lograrlo,
pero simplemente algo no está funcionando.
Y mientras más tiempo intento ignorarlo,
más me ahoga lo que estoy evitando.
No logro encontrar el lugar donde pertenezco.
Ni el día en que el ritmo al que bailo sea aceptado.
Cuanto más corro detrás del mundo, más enloquezco,
y solo en mis ensoñaciones encontraré ese mundo anhelado,
en el cual no veo todo tan lejano
y eternamente ya no caigo
en el cruel y angustiante desarraigo
al que el mundo me ha atado.