Teo Moran
Poeta fiel al portal
Nadie ha mentido al entregar su afecto…
Solo caben dos salmos de cera en el alma
y un sol ennegrecido por una febril tempestad,
una pequeña libélula girando atónita
en medio del barro de un antiguo lodazal,
como ella también se hace del mismo barro
y se forma huella entre mis gruesos labios,
mas su huella lleva el indeleble perfume,
una explosión de planetas hasta hoy sin explorar
donde quiero ser luz y caverna, una flor sin más,
un estéreo de voces bramando a la locura,
y quiero morir desnudo, sin necesitar nada,
humillar a los dioses con sus arpas y cítaras
ante mi sonata donde suena tu melodía.
Ayer me amaste, hoy me nombras en tu tumba
y solo soy capaz de ver todas esas cosas vacías
que se caen repentinamente de tus dedos,
mas prometes amor, luz tras la noche más oscura,
me haces sentir importante en la tormenta
con el oleaje más enervado que nos ahoga,
lo disipas entre risas en mi triste cordura
y solo tu dolor es capaz de encender el alma
en la tenue impaciencia del febril amor.
También sé que hay días, muchos de tantos,
en la plegaria de mil jilgueros encendidos,
como me hablaste enamorada con el corazón,
me prometiste tierra árida y una vega de salazón,
que allí donde quedara tu huella, tu dolor,
nada más crecería, ni cereal verde, ni amor,
tan solo el recuerdo ardiente de tu pasión.
Solo caben dos salmos de cera en el alma
y un sol ennegrecido por una febril tempestad,
una pequeña libélula girando atónita
en medio del barro de un antiguo lodazal,
como ella también se hace del mismo barro
y se forma huella entre mis gruesos labios,
mas su huella lleva el indeleble perfume,
una explosión de planetas hasta hoy sin explorar
donde quiero ser luz y caverna, una flor sin más,
un estéreo de voces bramando a la locura,
y quiero morir desnudo, sin necesitar nada,
humillar a los dioses con sus arpas y cítaras
ante mi sonata donde suena tu melodía.
Ayer me amaste, hoy me nombras en tu tumba
y solo soy capaz de ver todas esas cosas vacías
que se caen repentinamente de tus dedos,
mas prometes amor, luz tras la noche más oscura,
me haces sentir importante en la tormenta
con el oleaje más enervado que nos ahoga,
lo disipas entre risas en mi triste cordura
y solo tu dolor es capaz de encender el alma
en la tenue impaciencia del febril amor.
También sé que hay días, muchos de tantos,
en la plegaria de mil jilgueros encendidos,
como me hablaste enamorada con el corazón,
me prometiste tierra árida y una vega de salazón,
que allí donde quedara tu huella, tu dolor,
nada más crecería, ni cereal verde, ni amor,
tan solo el recuerdo ardiente de tu pasión.