Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
No es muy alto y sí que es mayor. Su cabello es blanco y un poco largo y lo cubre un Borsalino beige de ala ancha. Siempre lleva su camisa blanca, impecable y su corbata perfectamente anudada. Su única concesión al adorno son los gemelos que cierran los puños dobles de su camisa.
Con su aire antiguo, sale en las mañanas a caminar por el parque. En primavera es casi un rito. Se acerca hasta los cerezos florecidos a los que saluda con un ligero toque del ala de su sombrero. Pasará por el estanque donde arrojará un poco de comida para los peces, unas carpas grandes y perezosas que nadan lentas y señoriales. No faltan unas galletas para los patos que se han quedado este año para criar en el parque.
Caminará bajo los sauces y los cipreses; recorrerá las rosaledas con paso lento, entretenido, el paso de quien se detiene cada instante para que, lo que va ofreciendo el día, le llene por completo.
Recitará en voz baja, recordando sus tiempos de rapsoda, soliloquios de Calderón o sonetos de Quevedo. Acudirán a su memoria las liras de San Juan de la Cruz, los versos de Machado. Algún rato, de los libros que lleva en la mano, leerá poemas breves de Safo o recorrerá las estrofas épicas de Homero.
A mitad de la mañana, saldrán los niños del parvulario al recreo. En cuanto le vean correrán hasta él, a saludarle, rodearle, contemplar sus corbatas de dibujos alegres y divertidos, pedirle que les narre un cuento. No se hará de rogar y las historias del reino mágico saldrán de su boca para entretenimiento de los pequeños. Alguna ocasión, una de las más chiquitas le pedirá un poema que él forjará sobre la marcha :
"Bajo las ramas peladas
del sauce del paseo,
un gran charco de agua
dejaron las lluvias de febrero"
No tardarán los encargados de reclamar la vuelta al parvulario y la pequeña tropa se despide ilusionada con un decidido "hasta mañana".
Llegará el tiempo de acercarse a las ancianas. A las que dejan aparcadas al sol del paseo en sus sillas de ruedas. Saludos de rigor. Conversaciones sobre otros tiempos. Historias divertidas de épocas que pasaron. Peticiones de unos versos. Lecturas de viejos poemas, algunos memorizados después de tanto tiempo:
" En la tarde,
toda la tarde a sus ojos venida.
Tarde en que se sumen sueños.
Universo de tarde,
la tarde convertida".
Y vuelta a casa con paso menguando. Disfrutando del aire, de la luz que viste el día.
Los vecinos le conocen, le sonríen y saludan a su paso. Y cuando se ha cruzado con ellos comentan: "es muy educado; le llamamos el Poeta Chiflado".
Al entrar en el portal, le vienen al recuerdo los últimos versos de un poema de Machado :
"olmo quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera".
Con su aire antiguo, sale en las mañanas a caminar por el parque. En primavera es casi un rito. Se acerca hasta los cerezos florecidos a los que saluda con un ligero toque del ala de su sombrero. Pasará por el estanque donde arrojará un poco de comida para los peces, unas carpas grandes y perezosas que nadan lentas y señoriales. No faltan unas galletas para los patos que se han quedado este año para criar en el parque.
Caminará bajo los sauces y los cipreses; recorrerá las rosaledas con paso lento, entretenido, el paso de quien se detiene cada instante para que, lo que va ofreciendo el día, le llene por completo.
Recitará en voz baja, recordando sus tiempos de rapsoda, soliloquios de Calderón o sonetos de Quevedo. Acudirán a su memoria las liras de San Juan de la Cruz, los versos de Machado. Algún rato, de los libros que lleva en la mano, leerá poemas breves de Safo o recorrerá las estrofas épicas de Homero.
A mitad de la mañana, saldrán los niños del parvulario al recreo. En cuanto le vean correrán hasta él, a saludarle, rodearle, contemplar sus corbatas de dibujos alegres y divertidos, pedirle que les narre un cuento. No se hará de rogar y las historias del reino mágico saldrán de su boca para entretenimiento de los pequeños. Alguna ocasión, una de las más chiquitas le pedirá un poema que él forjará sobre la marcha :
"Bajo las ramas peladas
del sauce del paseo,
un gran charco de agua
dejaron las lluvias de febrero"
No tardarán los encargados de reclamar la vuelta al parvulario y la pequeña tropa se despide ilusionada con un decidido "hasta mañana".
Llegará el tiempo de acercarse a las ancianas. A las que dejan aparcadas al sol del paseo en sus sillas de ruedas. Saludos de rigor. Conversaciones sobre otros tiempos. Historias divertidas de épocas que pasaron. Peticiones de unos versos. Lecturas de viejos poemas, algunos memorizados después de tanto tiempo:
" En la tarde,
toda la tarde a sus ojos venida.
Tarde en que se sumen sueños.
Universo de tarde,
la tarde convertida".
Y vuelta a casa con paso menguando. Disfrutando del aire, de la luz que viste el día.
Los vecinos le conocen, le sonríen y saludan a su paso. Y cuando se ha cruzado con ellos comentan: "es muy educado; le llamamos el Poeta Chiflado".
Al entrar en el portal, le vienen al recuerdo los últimos versos de un poema de Machado :
"olmo quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera".
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