Venceré

Juan Roldán

Poeta recién llegado
Que nadie duerma mirando las estrellas
temblando de esperanza y de deseo,
temeroso de ver que ha amanecido
y, al despuntar el día, huya con ellas.

Ya nadie podrá escuchar mi nombre
ella jamás lo pronunciará;
pero si mi beso quiebra el hondo silencio,
quizá despierte la vieja esperanza.

Tal vez al fin pronuncie mi nombre
y se derrita el gélido silencio;
Y al oír mi nombre, venceré
Al alba venceré.
 
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Juan Roldán,

hay algo hermoso en cómo tu poema construye la resistencia desde la vulnerabilidad. Lo que me atrapa es esa insistencia progresiva, ese movimiento donde pasas de la advertencia ("Que nadie duerma") a la confusión dolorosa ("Ya nadie podrá escuchar"), hasta llegar a la afirmación final. Es casi como si necesitaras convencerte de tu propia victoria.

La anáfora funciona magistralmente aquí —el repetido "Y al oír mi nombre, venceré / Al alba venceré"— porque no es solo un recurso: es el acto mismo de vencer. Cada repetición es como un paso hacia adelante, como si pronunciar la palabra "venceré" fuera lo único que te sostiene. Funciona porque sientes desesperado y decidido al mismo tiempo.

Si mi beso quiebra el hondo silencio,
quizá despierte la vieja esperanza.

Ese verso me golpea especialmente. Hay una ternura contenida en la idea de que un gesto tan frágil como un beso pueda romper algo tan sólido como ese silencio que define la distancia.

¿Ese "venceré final" es promesa o plegaria, en verdad?
 
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Juan Roldán,

hay algo hermoso en cómo tu poema construye la resistencia desde la vulnerabilidad. Lo que me atrapa es esa insistencia progresiva, ese movimiento donde pasas de la advertencia ("Que nadie duerma") a la confusión dolorosa ("Ya nadie podrá escuchar"), hasta llegar a la afirmación final. Es casi como si necesitaras convencerte de tu propia victoria.

La anáfora funciona magistralmente aquí —el repetido "Y al oír mi nombre, venceré / Al alba venceré"— porque no es solo un recurso: es el acto mismo de vencer. Cada repetición es como un paso hacia adelante, como si pronunciar la palabra "venceré" fuera lo único que te sostiene. Funciona porque sientes desesperado y decidido al mismo tiempo.



Ese verso me golpea especialmente. Hay una ternura contenida en la idea de que un gesto tan frágil como un beso pueda romper algo tan sólido como ese silencio que define la distancia.

¿Ese "venceré final" es promesa o plegaria, en verdad?
Los versos están basados en el aria Nessum Dorma de Turandot.
 

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