Salva Carrion
Poeta fiel al portal
Sobre tu pecho
lloran jirones de nubes.
Sobre tu pecho
afloran las inquietudes.
Cae una lluvia sin relámpagos,
un naufragio de olas mudas
que recorren tus blanduras
despertando ruegos antiguos.
Son gotas del ácido ayer
buscando en el mapa de tu piel
aquellos rasguños del querer
que olvidaron cómo serte fiel.
No es sudor seco lo que resbala,
son las penas de un adiós ambiguo;
una ansiedad que exhala
el humo de un perdón exiguo.
Allí donde el dolor se esconde
se detiene el tiempo a mirarnos;
cada nostalgia es un secreto
que el cielo no supo guardarse.
Al final solo queda lo primario,
ese hielo azul que cala los huesos
cuando la lluvia se vuelve sudario
y la frente un desierto de besos.
Sobre tu pecho
ya no hay nubes, solo escarcha
habitando el hueco infinito
de aquel amor que lloró su jarcha.
Sobre tu pecho
el firmamento se deshace
y en el pulso que subyace
mi propio salmo... al fin renace.
*****
lloran jirones de nubes.
Sobre tu pecho
afloran las inquietudes.
Cae una lluvia sin relámpagos,
un naufragio de olas mudas
que recorren tus blanduras
despertando ruegos antiguos.
Son gotas del ácido ayer
buscando en el mapa de tu piel
aquellos rasguños del querer
que olvidaron cómo serte fiel.
No es sudor seco lo que resbala,
son las penas de un adiós ambiguo;
una ansiedad que exhala
el humo de un perdón exiguo.
Allí donde el dolor se esconde
se detiene el tiempo a mirarnos;
cada nostalgia es un secreto
que el cielo no supo guardarse.
Al final solo queda lo primario,
ese hielo azul que cala los huesos
cuando la lluvia se vuelve sudario
y la frente un desierto de besos.
Sobre tu pecho
ya no hay nubes, solo escarcha
habitando el hueco infinito
de aquel amor que lloró su jarcha.
Sobre tu pecho
el firmamento se deshace
y en el pulso que subyace
mi propio salmo... al fin renace.
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