MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Supe que nadie iba a estar ahí,
pero abril irrumpía a paso firme
y la noche llegaba
descendiendo viscosa
sobre las escolleras.
El agua es un espejo triste
quebrándose en las rocas,
y a nadie parece dirigirse la llovizna.
Unos pasos más tarde
y el sueño no despierta
cuando la suerte arde
bajo fuego cruzado,
y el azar es un barco
que ha perdido sus anclas.
Se atormentan insomnes,
guerreros y escorpiones
pisando el horizonte
en un cielo crispado
de luces milenarias.
Hubo muros de piedra
doblados por el viento
reptando malheridos
en la densa maleza
del mapa del olvido,
y viejos barracones
repletos de conjuros
fundiéndose en la oscura llamarada.
Afuera el momento
transcurre con sigilo lunático,
disonante, incrédulo,
y una escala de verbos prematuros
descienden del silencio
y se hacen tierra y canto...
Se posan las miradas incendiarias
en el pecho de un bosque moribundo
sentenciado a cubrir lo inevitable.
Y ahora la palabra bombardea
pendiendo de una brisa congelada
para limpiar el alba de cenizas
y es un gueto de sombras la mañana.
Supe que nadie iba a estar ahí
y me detuve al menos para verlo... y seguir.
Mejor pasar de largo,
a veces se hace tarde antes de que amanezca.
pero abril irrumpía a paso firme
y la noche llegaba
descendiendo viscosa
sobre las escolleras.
El agua es un espejo triste
quebrándose en las rocas,
y a nadie parece dirigirse la llovizna.
Unos pasos más tarde
y el sueño no despierta
cuando la suerte arde
bajo fuego cruzado,
y el azar es un barco
que ha perdido sus anclas.
Se atormentan insomnes,
guerreros y escorpiones
pisando el horizonte
en un cielo crispado
de luces milenarias.
Hubo muros de piedra
doblados por el viento
reptando malheridos
en la densa maleza
del mapa del olvido,
y viejos barracones
repletos de conjuros
fundiéndose en la oscura llamarada.
Afuera el momento
transcurre con sigilo lunático,
disonante, incrédulo,
y una escala de verbos prematuros
descienden del silencio
y se hacen tierra y canto...
Se posan las miradas incendiarias
en el pecho de un bosque moribundo
sentenciado a cubrir lo inevitable.
Y ahora la palabra bombardea
pendiendo de una brisa congelada
para limpiar el alba de cenizas
y es un gueto de sombras la mañana.
Supe que nadie iba a estar ahí
y me detuve al menos para verlo... y seguir.
Mejor pasar de largo,
a veces se hace tarde antes de que amanezca.
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