Cecilya
Cecy
Hace mucho, demasiado tiempo
en el último bastión que inútilmente pretende devorar el olvido
tu sonrisa fue un hallazgo
una perla
un fragmento de la luna
el remanso en la vorágine
música nuestra, música eterna
como un río sepia de notas en la sangre
el roce insondable de un rumor feliz.
Reías y se amedrentaban los vientos
nos mirábamos y se desarmaban las tormentas
al escucharnos se tornaban visibles los bordes de la ternura
y eran lo mismo la tierra y el cielo.
Encarnabas toda la dulzura, amigo mío
mi chico de los libros y de las flores pálidas
el cariño ideal y puro, huérfano de pasión,
plenitud que se aprende a valorar con la templanza de los años
castillo del recuerdo improfanable…
Todavía me pregunto si las ramas de tus pinos siguen acariciando las nubes
si acaso sigues descifrando la poesía de las cosas
si te siguen conmoviendo los sabores del otoño y de la tarde
si la crueldad del mundo no te arrebató la luz.
Hoy tengo la lejanía enclavada en el nombre
y un racimo de nostalgias tibias en los ojos
tengo la edad de la memoria en las lágrimas
y un resplandor sereno que me envuelve cuando te evoco
aunque nunca haya podido amarte
o regalarte un poema de amor.
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en el último bastión que inútilmente pretende devorar el olvido
tu sonrisa fue un hallazgo
una perla
un fragmento de la luna
el remanso en la vorágine
música nuestra, música eterna
como un río sepia de notas en la sangre
el roce insondable de un rumor feliz.
Reías y se amedrentaban los vientos
nos mirábamos y se desarmaban las tormentas
al escucharnos se tornaban visibles los bordes de la ternura
y eran lo mismo la tierra y el cielo.
Encarnabas toda la dulzura, amigo mío
mi chico de los libros y de las flores pálidas
el cariño ideal y puro, huérfano de pasión,
plenitud que se aprende a valorar con la templanza de los años
castillo del recuerdo improfanable…
Todavía me pregunto si las ramas de tus pinos siguen acariciando las nubes
si acaso sigues descifrando la poesía de las cosas
si te siguen conmoviendo los sabores del otoño y de la tarde
si la crueldad del mundo no te arrebató la luz.
Hoy tengo la lejanía enclavada en el nombre
y un racimo de nostalgias tibias en los ojos
tengo la edad de la memoria en las lágrimas
y un resplandor sereno que me envuelve cuando te evoco
aunque nunca haya podido amarte
o regalarte un poema de amor.
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