Nicolás Bascialla
Poeta recién llegado
Una noche cualquiera,
un espíritu bohemio
vuelve desde adentro
a recordarte que sigue ahí.
Quiere escuchar los versos de otros,
dejarse llevar por la música instrumental,
demorarse en el aroma del café
como si el tiempo no urgiera.
Se sienta a tu lado, sin apuro,
y te habla en voz baja:
no todo está perdido, dice,
no todo se ha ido con los días.
Aún quedan palabras sin decir,
noches por habitar,
silencios fértiles
donde algo empieza a nacer.
Y entonces, casi sin notarlo,
tomás la pluma,
o abrís una partida,
o simplemente respirás distinto.
Porque hay noches —como esta—
en las que uno vuelve a sí mismo
sin estruendo,
como quien enciende una luz pequeña
y alcanza.
No todo está perdido, che.
un espíritu bohemio
vuelve desde adentro
a recordarte que sigue ahí.
Quiere escuchar los versos de otros,
dejarse llevar por la música instrumental,
demorarse en el aroma del café
como si el tiempo no urgiera.
Se sienta a tu lado, sin apuro,
y te habla en voz baja:
no todo está perdido, dice,
no todo se ha ido con los días.
Aún quedan palabras sin decir,
noches por habitar,
silencios fértiles
donde algo empieza a nacer.
Y entonces, casi sin notarlo,
tomás la pluma,
o abrís una partida,
o simplemente respirás distinto.
Porque hay noches —como esta—
en las que uno vuelve a sí mismo
sin estruendo,
como quien enciende una luz pequeña
y alcanza.
No todo está perdido, che.
Última edición: