Colapso

SRH

Poeta fiel al portal
El amor no estaba allí antes de mirarlo.
Existía en superposición:
era y no era,
dulce y cuchillo,
ausencia y peso exacto de tu mano.

Cuando lo observé,
colapsó.
Se volvió esto:
una partícula que eligió ser dolor
en el instante preciso
en que mi mirada la fijó.

No hay eternidad.

Solo dos estados posibles
que no pueden medirse al mismo tiempo:
tu presencia y mi certeza de que existes:
En cuanto mido una, la otra se borra.

Te amo en la rendija,
en el espacio entre el corazón y su sombra,
donde aún no decidí si eres real
o solo la probabilidad de haberte soñado.

Si intento tocarte,
la función de acto se derrumba.
Queda un rastro:
un beso que fue y dejó de ser,
una caricia convertida en recuerdo
que ya no coincide con la memoria.

Los poetas malditos creyeron
que el mal era también belleza.
Los románticos creyeron
que el amor era continuo.
Ambos se equivocaron:
el amor es el acto de observación misma.

Fuera de la mirada,
no hay nada que cantar.
Por eso vuelvo a observar cada mañana,
con terror de físico:
sabiendo que al mirarte te destruyo
y que al dejar de mirarte
dejo de existir yo también.

No hay rosa.
No hay carroña.
Solo este experimento cruel
donde el observador y lo observado
son la misma mirada condenada
a colapsar juntos.

Y aun así,
abro los ojos.
Mido.
Colapso.
Vuelvo a amar
en el único lugar
donde el amor es posible:
justo antes de que exista.
 
El amor no estaba allí antes de mirarlo.
Existía en superposición:
era y no era,
dulce y cuchillo,
ausencia y peso exacto de tu mano.

Cuando lo observé,
colapsó.
Se volvió esto:
una partícula que eligió ser dolor
en el instante preciso
en que mi mirada la fijó.

No hay eternidad.

Solo dos estados posibles
que no pueden medirse al mismo tiempo:
tu presencia y mi certeza de que existes:
En cuanto mido una, la otra se borra.

Te amo en la rendija,
en el espacio entre el corazón y su sombra,
donde aún no decidí si eres real
o solo la probabilidad de haberte soñado.

Si intento tocarte,
la función de acto se derrumba.
Queda un rastro:
un beso que fue y dejó de ser,
una caricia convertida en recuerdo
que ya no coincide con la memoria.

Los poetas malditos creyeron
que el mal era también belleza.
Los románticos creyeron
que el amor era continuo.
Ambos se equivocaron:
el amor es el acto de observación misma.

Fuera de la mirada,
no hay nada que cantar.
Por eso vuelvo a observar cada mañana,
con terror de físico:
sabiendo que al mirarte te destruyo
y que al dejar de mirarte
dejo de existir yo también.

No hay rosa.
No hay carroña.
Solo este experimento cruel
donde el observador y lo observado
son la misma mirada condenada
a colapsar juntos.

Y aun así,
abro los ojos.
Mido.
Colapso.
Vuelvo a amar
en el único lugar
donde el amor es posible:
justo antes de que exista.
A veces el amor se transforma en una partícula de sufrimiento.

Saludos
 
El amor no estaba allí antes de mirarlo.
Existía en superposición:
era y no era,
dulce y cuchillo,
ausencia y peso exacto de tu mano.

Cuando lo observé,
colapsó.
Se volvió esto:
una partícula que eligió ser dolor
en el instante preciso
en que mi mirada la fijó.

No hay eternidad.

Solo dos estados posibles
que no pueden medirse al mismo tiempo:
tu presencia y mi certeza de que existes:
En cuanto mido una, la otra se borra.

Te amo en la rendija,
en el espacio entre el corazón y su sombra,
donde aún no decidí si eres real
o solo la probabilidad de haberte soñado.

Si intento tocarte,
la función de acto se derrumba.
Queda un rastro:
un beso que fue y dejó de ser,
una caricia convertida en recuerdo
que ya no coincide con la memoria.

Los poetas malditos creyeron
que el mal era también belleza.
Los románticos creyeron
que el amor era continuo.
Ambos se equivocaron:
el amor es el acto de observación misma.

Fuera de la mirada,
no hay nada que cantar.
Por eso vuelvo a observar cada mañana,
con terror de físico:
sabiendo que al mirarte te destruyo
y que al dejar de mirarte
dejo de existir yo también.

No hay rosa.
No hay carroña.
Solo este experimento cruel
donde el observador y lo observado
son la misma mirada condenada
a colapsar juntos.

Y aun así,
abro los ojos.
Mido.
Colapso.
Vuelvo a amar
en el único lugar
donde el amor es posible:
justo antes de que exista.
sabiendo que al mirarte te destruyo
y que al dejar de mirarte
dejo de existir yo también.

DOLOR Y SUFRIMIENTO, AGOBIO, SORPRESA todo y nada
 
Como dice, uno de los principios herméticos y, en el presente caso...
hablando de vuestra argumentación, "Todo es y... no es a la vez",
Si vuestro personal sentir, en la práctica es auténticamente sincero;
de hecho superará poco a poco; todos los inconvenientes "habidos y por haber" Porque el amor cuando es honesto y real siempre termina triunfando. Excelente y muy bien pensado su poema, mi estimado compañero poeta. Sinceramente, lo saluda y felicita:
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba