joblam
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los añicos viajaron por doquier a causa del golpe involuntario del girasol al chocar la superficie del espejo. La serenidad presentó saludos y uno por uno, cada pedazo ocupó un espacio en el piso alfombrado. Una cesta diseñada con ese fin fue la receptora escogida por el consorte sorprendido. La mirada tierna y perdida quedó firme por un tiempo prudencial diseñando en la mente la forma de recuperar la cordura extraviada por un instante por la heredera. Parecía irreal mientras los sollozos bajaban en tropel y dejaban una senda buscando la forma de equilibrar las emociones.
Los cristales reflejaban la misma modelo acongojada y la lucha del recolector era conservar el imborrable recuerdo sin tomar en cuenta el tiempo. Para ello, decidió recomponer cada una de las dos decenas de piezas. Los días dejaban huellas y era perentorio realizar la labor. La parsimonia y dedicación acompañaron el trabajo y con la delicadeza en el timón, cada retazo encontraba espacio.
Una fuerte exhalación de tranquilidad sonó al terminar en la hora vespertina y con mirada dubitativa contempló: Las facciones del rostro con rictus cabizbajo desaparecieron. Por el contrario, la Dama del Girasol sonreía agradable, dulce y tierna. Quienes admiraban la fragilidad del cristal también mostraban rostros con prudencia. Un coro de silencio quedó en el ambiente. Los días de desasosiego llegaron al celofán y las fisuras de la superficie plateada quedaron selladas e imperceptibles por el uso de lágrimas y murmullos de soledad. Una centena de hojas del calendario han caído con el crudo verano mientras, el viento de la nostalgia no amaina y las olas de la tristeza siguen en vaivén. Los corazones rotos siguen esperando el paso inexorable de las arenas del reloj.
Los cristales reflejaban la misma modelo acongojada y la lucha del recolector era conservar el imborrable recuerdo sin tomar en cuenta el tiempo. Para ello, decidió recomponer cada una de las dos decenas de piezas. Los días dejaban huellas y era perentorio realizar la labor. La parsimonia y dedicación acompañaron el trabajo y con la delicadeza en el timón, cada retazo encontraba espacio.
Una fuerte exhalación de tranquilidad sonó al terminar en la hora vespertina y con mirada dubitativa contempló: Las facciones del rostro con rictus cabizbajo desaparecieron. Por el contrario, la Dama del Girasol sonreía agradable, dulce y tierna. Quienes admiraban la fragilidad del cristal también mostraban rostros con prudencia. Un coro de silencio quedó en el ambiente. Los días de desasosiego llegaron al celofán y las fisuras de la superficie plateada quedaron selladas e imperceptibles por el uso de lágrimas y murmullos de soledad. Una centena de hojas del calendario han caído con el crudo verano mientras, el viento de la nostalgia no amaina y las olas de la tristeza siguen en vaivén. Los corazones rotos siguen esperando el paso inexorable de las arenas del reloj.