poetakabik
Poeta veterano en el portal
Esa eternidad que transitamos,
cuando nuestros cuerpos se demoran,
incendiados por la llama del deseo,
implorando que no terminen las horas.
Embriagados de pasión descontrolada
advierten que el final se precipita,
y su intento es el fragor que delimita
el cielo que dibuja su mirada.
Y en ese instante donde el mundo calla,
no existe más verdad que nuestro aliento,
ni ley que rija el pulso del momento
ni sombra que a la luz le ponga valla.
Se funden las fronteras del sentido,
la piel es un lenguaje sin palabras,
y en su temblor se rompen las amarras
de todo lo que un día fue prohibido.
El tiempo se arrodilla ante el deseo,
se quiebra en mil fragmentos de infinito,
y en cada roce late un universo
que ignora si es final o si es inicio.
Después… la calma vuelve lentamente,
como la marea besa la orilla,
dejando en cada cuerpo la semilla
de un fuego que perdura en lo presente.
Y así, cuando el silencio nos alcanza,
no somos ya los mismos que empezaron,
somos la huella viva que dejaron
dos almas al fundirse en la templanza.
cuando nuestros cuerpos se demoran,
incendiados por la llama del deseo,
implorando que no terminen las horas.
Embriagados de pasión descontrolada
advierten que el final se precipita,
y su intento es el fragor que delimita
el cielo que dibuja su mirada.
Y en ese instante donde el mundo calla,
no existe más verdad que nuestro aliento,
ni ley que rija el pulso del momento
ni sombra que a la luz le ponga valla.
Se funden las fronteras del sentido,
la piel es un lenguaje sin palabras,
y en su temblor se rompen las amarras
de todo lo que un día fue prohibido.
El tiempo se arrodilla ante el deseo,
se quiebra en mil fragmentos de infinito,
y en cada roce late un universo
que ignora si es final o si es inicio.
Después… la calma vuelve lentamente,
como la marea besa la orilla,
dejando en cada cuerpo la semilla
de un fuego que perdura en lo presente.
Y así, cuando el silencio nos alcanza,
no somos ya los mismos que empezaron,
somos la huella viva que dejaron
dos almas al fundirse en la templanza.