Al final

Luis Á. Ruiz Peradejordi

Poeta que considera el portal su segunda casa
Al final de la vereda,
tras el último recodo,
me sentaré a aguardarte.
Con la navaja pequeña,
en el cayado tallaré a mi modo
los rasgos de tu semblante.

Sobre el musgo escribiré tu nombre
y pensaré en historias,
en cuentos de siempre y nuevos
que contarte al llegar la noche,
al pie mismo de las acacias,
mientras contemplamos el cielo.

Bajo el firmamento nuestro,
junto al río que marcha,
haremos verso los cantares,
en nuestro juego siempre maestros
en tiernas estrofas de agua,
memoria de instantes familiares.

Al final del sendero,
sin prisas ni impaciencias,
con todo el tiempo, hija,
con todo mi amor, te espero.
 
Al final de la vereda,
tras el último recodo,
me sentaré a aguardarte.
Con la navaja pequeña,
en el cayado tallaré a mi modo
los rasgos de tu semblante.

Sobre el musgo escribiré tu nombre
y pensaré en historias,
en cuentos de siempre y nuevos
que contarte al llegar la noche,
al pie mismo de las acacias,
mientras contemplamos el cielo.

Bajo el firmamento nuestro,
junto al río que marcha,
haremos verso los cantares,
en nuestro juego siempre maestros
en tiernas estrofas de agua,
memoria de instantes familiares.

Al final del sendero,
sin prisas ni impaciencias,
con todo el tiempo, hija,
con todo mi amor, te espero.

Cuando era chica mi mejor amigo me regaló junto a un obsequio de cumpleaños una tarjeta que decía: "Siempre hay algo que esperar que nos dará felicidad".
Esperar es conservar la esperanza de que algo bueno suceda.
Cuando se trata de afectos tan importantes, la espera se hace valiosa, tiene todo el sentido del mundo.
Tu poema tiene un entorno amable, una cadencia especial, llega sin recovecos, llega al corazón. Yo valoro la poesía que no necesita un manual de instrucciones para ser comprendida.
La devoción que sentimos por nuestros hijos nos hace elegir las mejores palabras y justamente son las más sencillas y hermosas.
Me pone contenta leerte, amigo, me acuerdo de los tiempos lindos en este lugar y venir a tus escritos es volver a esos momentos.
Un abrazo con cariño y admiración.
 
Cuando era chica mi mejor amigo me regaló junto a un obsequio de cumpleaños una tarjeta que decía: "Siempre hay algo que esperar que nos dará felicidad".
Esperar es conservar la esperanza de que algo bueno suceda.
Cuando se trata de afectos tan importantes, la espera se hace valiosa, tiene todo el sentido del mundo.
Tu poema tiene un entorno amable, una cadencia especial, llega sin recovecos, llega al corazón. Yo valoro la poesía que no necesita un manual de instrucciones para ser comprendida.
La devoción que sentimos por nuestros hijos nos hace elegir las mejores palabras y justamente son las más sencillas y hermosas.
Me pone contenta leerte, amigo, me acuerdo de los tiempos lindos en este lugar y venir a tus escritos es volver a esos momentos.
Un abrazo con cariño y admiración.
Gracias, Cecy. Me siento honrado por traerte a la memoria los tiempos en que escribías con frecuencia y te encontrabas en el portal como en una nube alegre y dichosa. Me alegra que te acerques con la mirada sencilla y clara a mis versos sencillos, versos que simplemente hablan de lo que siente el corazón. Hay amores a los que no importa esperar. Amores que duran desde un primer instante, hasta que el fin de la existencia nos cierra los ojos. Y no hay más vueltas que el cariño inmenso y las palabras llanas, de cada instante y del día a día para hablar de ellos. Un cordial saludo y un fuerte abrazo, con mi amistad y mi agradecimiento por tu lectura y tu comentario.
 
Al final de la vereda,
tras el último recodo,
me sentaré a aguardarte.
Con la navaja pequeña,
en el cayado tallaré a mi modo
los rasgos de tu semblante.

Sobre el musgo escribiré tu nombre
y pensaré en historias,
en cuentos de siempre y nuevos
que contarte al llegar la noche,
al pie mismo de las acacias,
mientras contemplamos el cielo.

Bajo el firmamento nuestro,
junto al río que marcha,
haremos verso los cantares,
en nuestro juego siempre maestros
en tiernas estrofas de agua,
memoria de instantes familiares.

Al final del sendero,
sin prisas ni impaciencias,
con todo el tiempo, hija,
con todo mi amor, te espero.
Es verdad que a veces las palabras hablan más que el corazón, precisamente por ser su eco.
Unas sensibles líneas que aseguran que su hija, con todo su amor, la esperará eternamente al final del camino.
Siempre es un honor visitarlo.

Saludos
 

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