Llega sin ruido… y, sin embargo, llena
los espacios que antes eran voz;
no es ausencia de otros, es atroz
presencia que en sí misma se encadena.
Se posa en lo cotidiano, inadvertida,
en el gesto simple, en la mirada;
y de pronto, sin ser llamada,
ocupa el centro mismo de la vida.
No avisa, no pregunta ni se anuncia,
simplemente aparece… y se sostiene;
y en su forma tan honda que detiene,
todo encuentro hacia dentro se pronuncia.
los espacios que antes eran voz;
no es ausencia de otros, es atroz
presencia que en sí misma se encadena.
Se posa en lo cotidiano, inadvertida,
en el gesto simple, en la mirada;
y de pronto, sin ser llamada,
ocupa el centro mismo de la vida.
No avisa, no pregunta ni se anuncia,
simplemente aparece… y se sostiene;
y en su forma tan honda que detiene,
todo encuentro hacia dentro se pronuncia.