Claudio Tapia
Poeta recién llegado
Aunando mis poderes, entre livianas cópulas de ninfas y pupas, ya clonadas,
emerjo del Hades, que ha guardado mi cuerpo, por ya cien años
La oxidación de mis huesos rotos,
ahora ya arcillosos,
permiten solo a mis ilusiones contemplar el futuro ya pasado
de mi planeta elegido
Con mis palmas de aire, me aferro con fuerza
y mi faz da vueltas,
intentando comprender sin cólera,
la situación de heredero vitalicio de mi resurrección.
¡OH madre mía ¡
Que un día celeste, albergaste mis sentimientos
aposentados en tus senos cálidos
comiendo migajas de paz y erotismos livianos
no me avisaste que el tiempo sería, solo un día,
nublado de rocío y azufre,
impregnando a las aves, que ahora ya sin alas yacen,
escupidas por sobre tus espaldas circulares,
agónicas y marchitas
Todos sabían que sería un día
sin embargo, abrieron tus piernas y violaron tu piel
y cada poro que florecía
estrangularon tu alma con doctrinas y muerte,
apagando el sol y la razón de las profecías.
Hoy, solo mis ojos, sin iris,
perciben vainas de polvo, sal y de carne,
sin caricias ni manantiales
¡OH madre mía ¡
Retrocedo a mi lecho eterno
socavando aún más abajo
sudoroso y arcilloso golpearé en mi lápida
y calidamente tu vientre arcano encontrare.
emerjo del Hades, que ha guardado mi cuerpo, por ya cien años
La oxidación de mis huesos rotos,
ahora ya arcillosos,
permiten solo a mis ilusiones contemplar el futuro ya pasado
de mi planeta elegido
Con mis palmas de aire, me aferro con fuerza
y mi faz da vueltas,
intentando comprender sin cólera,
la situación de heredero vitalicio de mi resurrección.
¡OH madre mía ¡
Que un día celeste, albergaste mis sentimientos
aposentados en tus senos cálidos
comiendo migajas de paz y erotismos livianos
no me avisaste que el tiempo sería, solo un día,
nublado de rocío y azufre,
impregnando a las aves, que ahora ya sin alas yacen,
escupidas por sobre tus espaldas circulares,
agónicas y marchitas
Todos sabían que sería un día
sin embargo, abrieron tus piernas y violaron tu piel
y cada poro que florecía
estrangularon tu alma con doctrinas y muerte,
apagando el sol y la razón de las profecías.
Hoy, solo mis ojos, sin iris,
perciben vainas de polvo, sal y de carne,
sin caricias ni manantiales
¡OH madre mía ¡
Retrocedo a mi lecho eterno
socavando aún más abajo
sudoroso y arcilloso golpearé en mi lápida
y calidamente tu vientre arcano encontrare.