MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Acabo de tomar la sartén por el mango,
primero con la izquierda,
luego con la derecha,
y otra vez con la izquierda,
y no ha cambiado nada.
Sigue siendo basura
lo que escucho gritar
desde los púlpitos.
Aparto los pasos del reloj
y cuento hasta lo eterno
en medio de un segundo
que se escapa silbando.
Como si ya no fuera sentencia suficiente
el saberme distante de nacimiento.
Ayer mi casa de madera,
cansada ya
de resistir inviernos y sudestadas
parecía un palacio inexpugnable,
y por suerte en este cielo sur
no se da ese fenómeno atmosférico
de que lluevan misiles cada pocos años.
El norte es una escuela de letras y de balas.
Y a este horizonte calmo, austral,
desheredado,
condenado a comer en la cocina
y en vías de extinción irrevocable,
le brota una tormenta pasajera.
primero con la izquierda,
luego con la derecha,
y otra vez con la izquierda,
y no ha cambiado nada.
Sigue siendo basura
lo que escucho gritar
desde los púlpitos.
Aparto los pasos del reloj
y cuento hasta lo eterno
en medio de un segundo
que se escapa silbando.
Como si ya no fuera sentencia suficiente
el saberme distante de nacimiento.
Ayer mi casa de madera,
cansada ya
de resistir inviernos y sudestadas
parecía un palacio inexpugnable,
y por suerte en este cielo sur
no se da ese fenómeno atmosférico
de que lluevan misiles cada pocos años.
El norte es una escuela de letras y de balas.
Y a este horizonte calmo, austral,
desheredado,
condenado a comer en la cocina
y en vías de extinción irrevocable,
le brota una tormenta pasajera.
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