Zulma Martínez
Mar azul...
Discutieron una vez más; pero ahora, ella no quedó temblorosa como un pájaro aterido, y él no sintió la impotencia del fracaso. Sin más, cada uno tomó su camino.
A ella, una amiga le sugirió que emprendiera un viaje.
Él descubrió en una vidriera un cartel: "Pasajes a Gracia Marina, la perla del mar que..." A la tarde siguiente llegó a la ciudad marítima. La Estación de autobuses estaba repleta de viajeros, y el viento de otoño se ensañaba con las hojas doradas.
De repente, vio unos ojos muy abiertos que buscaban la salida entre la multitud. Se acercó como pudo. Ella lo vio y no pudo disimular la sorpresa. Se miraron sin hablar, sin entender como habían llegado ambos a ese lugar tan lejano, el mismo día, casi a la misma hora.
Ella pensó que eso era lo que llamaban "destino".
Él, azorado, escudriñó en su interior hasta que encontró la voz para invitarla a tomar un café.
Atardecer
revuelo de hojas secas
unos viajeros
A ella, una amiga le sugirió que emprendiera un viaje.
Él descubrió en una vidriera un cartel: "Pasajes a Gracia Marina, la perla del mar que..." A la tarde siguiente llegó a la ciudad marítima. La Estación de autobuses estaba repleta de viajeros, y el viento de otoño se ensañaba con las hojas doradas.
De repente, vio unos ojos muy abiertos que buscaban la salida entre la multitud. Se acercó como pudo. Ella lo vio y no pudo disimular la sorpresa. Se miraron sin hablar, sin entender como habían llegado ambos a ese lugar tan lejano, el mismo día, casi a la misma hora.
Ella pensó que eso era lo que llamaban "destino".
Él, azorado, escudriñó en su interior hasta que encontró la voz para invitarla a tomar un café.
Atardecer
revuelo de hojas secas
unos viajeros