Somos jardineros del jardín de las emociones,
en silencioso diálogo con nuestras pasiones.
Sembramos raíces de calma y de paz,
entre flores de sueños que el alma no da.
Cada emoción es un brote, un color,
un rincón secreto, un leve rumor;
pero al acecho, crecen sin paz
esas malas hierbas que buscan entrar.
Es preciso arrancarlas con mano serena,
sin rabia ni prisa, con calma plena,
pues al jardín que en nuestro pecho habita,
le basta el cuidado que el alma invita.
Que broten entonces los tallos de amor,
las hojas de risa, las ramas de ardor;
pues somos guardianes de este edén sutil,
jardineros del alma en su jardín febril.
en silencioso diálogo con nuestras pasiones.
Sembramos raíces de calma y de paz,
entre flores de sueños que el alma no da.
Cada emoción es un brote, un color,
un rincón secreto, un leve rumor;
pero al acecho, crecen sin paz
esas malas hierbas que buscan entrar.
Es preciso arrancarlas con mano serena,
sin rabia ni prisa, con calma plena,
pues al jardín que en nuestro pecho habita,
le basta el cuidado que el alma invita.
Que broten entonces los tallos de amor,
las hojas de risa, las ramas de ardor;
pues somos guardianes de este edén sutil,
jardineros del alma en su jardín febril.
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