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Lágrimas de fuego

Cecilya

Cecy
El director observa a Mauricio Saldívar con un gesto adusto y disconforme.
Teme que su actor estrella, su elegido con base en una trayectoria impecable, no esté a la altura de semejante rol.
El día del estreno para la prensa y los críticos especializados también estará presente el autor de la novela en la que se basa la obra que él mismo adaptó para el formato teatral.
La presión es mucha, es intensa, y algo falta, no entiende bien qué sucede exactamente, no comprende por qué las emociones del personaje se quedan en una mera declamación de técnica y oficio, sin que pueda comunicar ese fuego sagrado, esa esencia desprotegida y perturbadora que conlleva una creación autoral de esas características.
Siente que tanto esfuerzo fue improductivo, que la apuesta es muy alta, que a Mauricio pareciera que no le interesa el reto, que no logra dimensionar la importancia de representar ese papel.
Vuelve a marcarle los tonos de voz, los matices, la postura corporal, pero sabe que es demasiado tarde para confrontarlo o entablar una pelea a los gritos que derive en un portazo de furia y altere la calma sagrada que ante todo se tiene que mantener.
La primera función a puertas cerradas ya es un acuerdo inamovible, y las localidades vendidas frenan toda posible idea de cambios a último momento.
Se juega demasiado, se juegan concretamente su nombre y su ego, y el director no quiere perder, no está dispuesto a perder.
Una oscura idea, tan oscura como experimental, un último recurso de desesperación, lo infecta de ánimos. Y ante ese concepto antipático de perdido por perdido, todo intento se transforma en materia de lo posible. En el fin que justificará los medios, y entonces piensa en Rebeca Balmaceda, la debilidad de Mauricio Saldívar.
Su compañera le gusta, sabe que es una cuestión fuerte, conoce de sensaciones, lo nota cuando lo observa en las escenas que comparten, y es lógico, porque se trata de una mujer que posee la belleza oscura de la intriga y el enigma a develar, aunque muestre tonos de ángel y maneras de profesora de protocolo. Rebeca encarna el deseo, el interés por lo desconocido, la sensibilidad creativa fluyendo desde un abismo profundo donde Mauricio ansiaría arrojarse.
Y ella tampoco soportaría una crítica lapidaria para un trabajo pulcro y profesional por culpa del eslabón débil en una cadena. Sabe bien que si falla la cabeza fallará por lógica todo el elenco y que nadie desea quedar pegado a un fracaso.
Por eso el director la contacta, crea un entorno de complicidad, un mundo intimista de té para dos en el camarín desierto del teatro, le habla del desgano inexplicable de Mauricio, se explaya acerca del interés que claramente tiene en ella, y le pide una locura, un desesperado favor intuyendo que la dama de los modos dóciles, guarda la misma ambición de laureles que él.
Le pide concretamente que haga lo que sabe, que actúe, que lo haga también debajo del escenario, y que con esa performance, se asegure de salvar el prestigio de la compañía.
Le pide que movilice las emociones limitadas de Mauricio para que su personaje despierte y se manifieste en todo su esplendor.
Rebeca asiente, acepta, sonríe con los labios húmedos y dulces del último sorbo de té, y una expresión encantadora y maligna se asoma a sus ojos de ángel bueno.
Al día siguiente hace lo que sabe, actuar.
Mauricio ensaya de nuevo su rutina, sus líneas que excluyen al corazón, su palabrería sin cuerpo ni sangre, cuando ve, desde el escenario, a Rebeca sentándose junto al director que de inmediato busca y encuentra su boca. Literalmente, los ve devorándose frente a él, luego sonreír, ofrecerle disculpas, y pedirle que por favor prosiga, mientras se toman de las manos, como si se tratara de una función privada para dos amantes.
Entonces se produce en Mauricio un cambio estructural, un temblor interno, se siente tan vulnerable, tan profundamente impactado como el personaje del libro, y por fin lo aborda, empatiza con su dolor, lo experimenta en la piel,lo vive.

La crítica alaba las lágrimas de fuego, como bautizan a su parlamento final, la compañía recibe la puntuación más alta, y Rebeca y el director siguen comiéndose a besos delante de Mauricio, para que cada noche, con el corazón quebrado, haga fluir desde su angustia lo mejor de sí, lo único que tiene, lo único que le queda. Para que la causa brille, para que el público siga aplaudiendo de pie, para que la función pueda continuar.

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El director observa a Mauricio Saldívar con un gesto adusto y disconforme.
Teme que su actor estrella, su elegido con base en una trayectoria impecable, no esté a la altura de semejante rol.
El día del estreno para la prensa y los críticos especializados también estará presente el autor de la novela en la que se basa la obra que él mismo adaptó para el formato teatral.
La presión es mucha, es intensa, y algo falta, no entiende bien qué sucede exactamente, no comprende por qué las emociones del personaje se quedan en una mera declamación de técnica y oficio, sin que pueda comunicar ese fuego sagrado, esa esencia desprotegida y perturbadora que conlleva una creación autoral de esas características.
Siente que tanto esfuerzo fue improductivo, que la apuesta es muy alta, que a Mauricio pareciera que no le interesa el reto, que no logra dimensionar la importancia de representar ese papel.
Vuelve a marcarle los tonos de voz, los matices, la postura corporal, pero sabe que es demasiado tarde para confrontarlo o entablar una pelea a los gritos que derive en un portazo de furia y altere la calma sagrada que ante todo se tiene que mantener.
La primera función a puertas cerradas ya es un acuerdo inamovible, y las localidades vendidas frenan toda posible idea de cambios a último momento.
Se juega demasiado, se juegan concretamente su nombre y su ego, y el director no quiere perder, no está dispuesto a perder.
Una oscura idea, tan oscura como experimental, un último recurso de desesperación, lo infecta de ánimos. Y ante ese concepto antipático de perdido por perdido, todo intento se transforma en materia de lo posible. En el fin que justificará los medios, y entonces piensa en Rebeca Balmaceda, la debilidad de Mauricio Saldívar.
Su compañera le gusta, sabe que es una cuestión fuerte, conoce de sensaciones, lo nota cuando lo observa en las escenas que comparten, y es lógico, porque se trata de una mujer que posee la belleza oscura de la intriga y el enigma a develar, aunque muestre tonos de ángel y maneras de profesora de protocolo. Rebeca encarna el deseo, el interés por lo desconocido, la sensibilidad creativa fluyendo desde un abismo profundo donde Mauricio ansiaría arrojarse.
Y ella tampoco soportaría una crítica lapidaria para un trabajo pulcro y profesional por culpa del eslabón débil en una cadena. Sabe bien que si falla la cabeza fallará por lógica todo el elenco y que nadie desea quedar pegado a un fracaso.
Por eso el director la contacta, crea un entorno de complicidad, un mundo intimista de té para dos en el camarín desierto del teatro, le habla del desgano inexplicable de Mauricio, se explaya acerca del interés que claramente tiene en ella, y le pide una locura, un desesperado favor intuyendo que la dama de los modos dóciles, guarda la misma ambición de laureles que él.
Le pide concretamente que haga lo que sabe, que actúe, que lo haga también debajo del escenario, y que con esa performance, se asegure de salvar el prestigio de la compañía.
Le pide que movilice las emociones limitadas de Mauricio para que su personaje despierte y se manifieste en todo su esplendor.
Rebeca asiente, acepta, sonríe con los labios húmedos y dulces del último sorbo de té, y una expresión encantadora y maligna se asoma a sus ojos de ángel bueno.
Al día siguiente hace lo que sabe, actuar.
Mauricio ensaya de nuevo su rutina, sus líneas que excluyen al corazón, su palabrería sin cuerpo ni sangre, cuando ve, desde el escenario, a Rebeca sentándose junto al director que de inmediato busca y encuentra su boca. Literalmente, los ve devorándose frente a él, luego sonreír, ofrecerle disculpas, y pedirle que por favor prosiga, mientras se toman de las manos, como si se tratara de una función privada para dos amantes.
Entonces se produce en Mauricio un cambio estructural, un temblor interno, se siente tan vulnerable, tan profundamente impactado como el personaje del libro, y por fin lo aborda, empatiza con su dolor, lo experimenta en la piel,lo vive.

La crítica alaba las lágrimas de fuego, como bautizan a su parlamento final, la compañía recibe la puntuación más alta, y Rebeca y el director siguen comiéndose a besos delante de Mauricio, para que cada noche, con el corazón quebrado, haga fluir desde su angustia lo mejor de sí, lo único que tiene, lo único que le queda. Para que la causa brille, para que el público siga aplaudiendo de pie, para que la función pueda continuar.

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Ver el archivos adjunto 66047
Una historia intensa, con muchos visos de haber podido ser realidad en alguna ocasión. Una historia dura, despiadada para el protagonista, a quien se fuerza a sublimarse, tras ser sometido a una descarada manipulación. Personajes muy bien caracterizados y ambición. Esa ambición, el afán de triunfo que no conoce límites y que todo lo supedita a su consecución.
Desdichado protagonista que es manejado por hilos burdos como una marioneta.
Es, en fin, una gran historia, escrita con buen pulso, interesante, que nos muestra una realidad triste, terrible, porque ninguno estamos a salvo de padecerla.
Grandes letras que iluminan el portal, Cecy, bienaventurada vuelta a tus prosas. Un fuerte abrazo y la admiración de este amigo
 
Última edición:
Primero gracias my dearcita por considerar la repatriación de algunos cuentazos tuyos tan atrapantes como este y porfa que no sea el último.
Los actores tienen que mentir y hacer que la gente crea que es cierto y es uno de los mandamientos de la profesión.
Igual habrán actores motivados solo por cobrar su guita y otros que dejarán la vida en las tablas.
Un bajón que Mauricio se tuviera que despertar de esa forma y algo me dice que al que le gustaba Rebeca era al director y mató dos pájaros de un tiro.
Está claro que salieron ganando todos a un precio caro para el pobre Mauricio.
Estuve en ese teatro porque tu manera de contar es concordante con el tema de hoy bien teatral.
Aplaudo yo también las lágrimas de fuego y a vos por mantener viva tu plumágica.
Abrazo quiebracostillas.
 
Una historia intensa, con muchos visos de haber podido ser realidad en alguna ocasión. Una historia dura, despiadada para el protagonista, a quien se fuerza a sublimarse, tras ser sometido a una descarada manipulación. Personajes muy bien caracterizados y ambición. Esa ambición, el afán de triunfo que no conoce límites y que todo lo supedita a su consecución.
Desdichado protagonista que es manejado por hilos burdos como una marioneta.
Es, en fin, una gran historia, escrita con buen pulso, interesante, que nos muestra una realidad triste, terrible, porque ninguno estamos a salvo de padecerla.
Grandes letras que iluminan el portal, Cecy, bienaventurada vuelta a tus prosas. Un fuerte abrazo y la admiración de este amigo

Me encanta escribir breves historias con personajes que se salgan de lo que está bien, que muestren más sombras que luces, que me permitan salir de mi área de confort.
Tuve un tío muy querido, escritor y actor teatral de cuando en mi país el teatro no era manejado por corporaciones y aprendí bastante de él.
En Argentina los actores de teatro nunca llegan a ser estrellas pero dejan el alma en cada obra.

Mauricio es una estrellita que cree que con su fama es suficiente, por eso no dimensiona la complejidad que requiere su personaje. Y el director y su compañera son exactamente ambiciosos y crueles, también es verdad.

Gracias, amigo por estar siempre presente, por hacer que devolver algunas páginas tenga ese gustito al pasado feliz de esta casa cuando te conocí y todo era maravilloso.
Cuando estás todo aquello regresa aunque sea en forma de nostalgia dulce.
Un fuerte abrazo y gracias nuevamente.
 
Primero gracias my dearcita por considerar la repatriación de algunos cuentazos tuyos tan atrapantes como este y porfa que no sea el último.
Los actores tienen que mentir y hacer que la gente crea que es cierto y es uno de los mandamientos de la profesión.
Igual habrán actores motivados solo por cobrar su guita y otros que dejarán la vida en las tablas.
Un bajón que Mauricio se tuviera que despertar de esa forma y algo me dice que al que le gustaba Rebeca era al director y mató dos pájaros de un tiro.
Está claro que salieron ganando todos a un precio caro para el pobre Mauricio.
Estuve en ese teatro porque tu manera de contar es concordante con el tema de hoy bien teatral.
Aplaudo yo también las lágrimas de fuego y a vos por mantener viva tu plumágica.
Abrazo quiebracostillas.

La patria era la otra, pero entiendo el concepto, hermano.
Vos sos objetividad cero pero ya no importa porque el cariño es más importante para mí. No busco nada más que compartir con poquitos.
Estos personajes son maliiiios pero no todas las tramas van a ser de angelitos buenos.
No estás equivocado, en este juego hay varios interesados y ganadores.
Gracias por seguir recorriendo los caminos de mis letras desde hace ya quince años y por todo lo demás que es todavía más lindo.
Abrazo fuerte, fuerte, fuerte.
 
El director observa a Mauricio Saldívar con un gesto adusto y disconforme.
Teme que su actor estrella, su elegido con base en una trayectoria impecable, no esté a la altura de semejante rol.
El día del estreno para la prensa y los críticos especializados también estará presente el autor de la novela en la que se basa la obra que él mismo adaptó para el formato teatral.
La presión es mucha, es intensa, y algo falta, no entiende bien qué sucede exactamente, no comprende por qué las emociones del personaje se quedan en una mera declamación de técnica y oficio, sin que pueda comunicar ese fuego sagrado, esa esencia desprotegida y perturbadora que conlleva una creación autoral de esas características.
Siente que tanto esfuerzo fue improductivo, que la apuesta es muy alta, que a Mauricio pareciera que no le interesa el reto, que no logra dimensionar la importancia de representar ese papel.
Vuelve a marcarle los tonos de voz, los matices, la postura corporal, pero sabe que es demasiado tarde para confrontarlo o entablar una pelea a los gritos que derive en un portazo de furia y altere la calma sagrada que ante todo se tiene que mantener.
La primera función a puertas cerradas ya es un acuerdo inamovible, y las localidades vendidas frenan toda posible idea de cambios a último momento.
Se juega demasiado, se juegan concretamente su nombre y su ego, y el director no quiere perder, no está dispuesto a perder.
Una oscura idea, tan oscura como experimental, un último recurso de desesperación, lo infecta de ánimos. Y ante ese concepto antipático de perdido por perdido, todo intento se transforma en materia de lo posible. En el fin que justificará los medios, y entonces piensa en Rebeca Balmaceda, la debilidad de Mauricio Saldívar.
Su compañera le gusta, sabe que es una cuestión fuerte, conoce de sensaciones, lo nota cuando lo observa en las escenas que comparten, y es lógico, porque se trata de una mujer que posee la belleza oscura de la intriga y el enigma a develar, aunque muestre tonos de ángel y maneras de profesora de protocolo. Rebeca encarna el deseo, el interés por lo desconocido, la sensibilidad creativa fluyendo desde un abismo profundo donde Mauricio ansiaría arrojarse.
Y ella tampoco soportaría una crítica lapidaria para un trabajo pulcro y profesional por culpa del eslabón débil en una cadena. Sabe bien que si falla la cabeza fallará por lógica todo el elenco y que nadie desea quedar pegado a un fracaso.
Por eso el director la contacta, crea un entorno de complicidad, un mundo intimista de té para dos en el camarín desierto del teatro, le habla del desgano inexplicable de Mauricio, se explaya acerca del interés que claramente tiene en ella, y le pide una locura, un desesperado favor intuyendo que la dama de los modos dóciles, guarda la misma ambición de laureles que él.
Le pide concretamente que haga lo que sabe, que actúe, que lo haga también debajo del escenario, y que con esa performance, se asegure de salvar el prestigio de la compañía.
Le pide que movilice las emociones limitadas de Mauricio para que su personaje despierte y se manifieste en todo su esplendor.
Rebeca asiente, acepta, sonríe con los labios húmedos y dulces del último sorbo de té, y una expresión encantadora y maligna se asoma a sus ojos de ángel bueno.
Al día siguiente hace lo que sabe, actuar.
Mauricio ensaya de nuevo su rutina, sus líneas que excluyen al corazón, su palabrería sin cuerpo ni sangre, cuando ve, desde el escenario, a Rebeca sentándose junto al director que de inmediato busca y encuentra su boca. Literalmente, los ve devorándose frente a él, luego sonreír, ofrecerle disculpas, y pedirle que por favor prosiga, mientras se toman de las manos, como si se tratara de una función privada para dos amantes.
Entonces se produce en Mauricio un cambio estructural, un temblor interno, se siente tan vulnerable, tan profundamente impactado como el personaje del libro, y por fin lo aborda, empatiza con su dolor, lo experimenta en la piel,lo vive.

La crítica alaba las lágrimas de fuego, como bautizan a su parlamento final, la compañía recibe la puntuación más alta, y Rebeca y el director siguen comiéndose a besos delante de Mauricio, para que cada noche, con el corazón quebrado, haga fluir desde su angustia lo mejor de sí, lo único que tiene, lo único que le queda. Para que la causa brille, para que el público siga aplaudiendo de pie, para que la función pueda continuar.

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Me ha gustado como narra la tensión y los dilemas en un teatro antes del estreno de una obra.
Así es la compleja relación entre arte y manipulación.
Hay personas que a veces por querer alcanzar el éxito y reputación, cruzan los límites éticos y morales.
Siempre es un honor visitarla.

Saludos
 
Me ha gustado como narra la tensión y los dilemas en un teatro antes del estreno de una obra.
Así es la compleja relación entre arte y manipulación.
Hay personas que a veces por querer alcanzar el éxito y reputación, cruzan los límites éticos y morales.
Siempre es un honor visitarla.

Saludos
Me gusta mucho escribir cuentos breves, Alde y me alegra que te hayas hecho presente con palabras amables que agradezco.
El tiempo de alguien tiene mucho valor para mí.
Saludos y que tengas una feliz tarde.
 
El director observa a Mauricio Saldívar con un gesto adusto y disconforme.
Teme que su actor estrella, su elegido con base en una trayectoria impecable, no esté a la altura de semejante rol.
El día del estreno para la prensa y los críticos especializados también estará presente el autor de la novela en la que se basa la obra que él mismo adaptó para el formato teatral.
La presión es mucha, es intensa, y algo falta, no entiende bien qué sucede exactamente, no comprende por qué las emociones del personaje se quedan en una mera declamación de técnica y oficio, sin que pueda comunicar ese fuego sagrado, esa esencia desprotegida y perturbadora que conlleva una creación autoral de esas características.
Siente que tanto esfuerzo fue improductivo, que la apuesta es muy alta, que a Mauricio pareciera que no le interesa el reto, que no logra dimensionar la importancia de representar ese papel.
Vuelve a marcarle los tonos de voz, los matices, la postura corporal, pero sabe que es demasiado tarde para confrontarlo o entablar una pelea a los gritos que derive en un portazo de furia y altere la calma sagrada que ante todo se tiene que mantener.
La primera función a puertas cerradas ya es un acuerdo inamovible, y las localidades vendidas frenan toda posible idea de cambios a último momento.
Se juega demasiado, se juegan concretamente su nombre y su ego, y el director no quiere perder, no está dispuesto a perder.
Una oscura idea, tan oscura como experimental, un último recurso de desesperación, lo infecta de ánimos. Y ante ese concepto antipático de perdido por perdido, todo intento se transforma en materia de lo posible. En el fin que justificará los medios, y entonces piensa en Rebeca Balmaceda, la debilidad de Mauricio Saldívar.
Su compañera le gusta, sabe que es una cuestión fuerte, conoce de sensaciones, lo nota cuando lo observa en las escenas que comparten, y es lógico, porque se trata de una mujer que posee la belleza oscura de la intriga y el enigma a develar, aunque muestre tonos de ángel y maneras de profesora de protocolo. Rebeca encarna el deseo, el interés por lo desconocido, la sensibilidad creativa fluyendo desde un abismo profundo donde Mauricio ansiaría arrojarse.
Y ella tampoco soportaría una crítica lapidaria para un trabajo pulcro y profesional por culpa del eslabón débil en una cadena. Sabe bien que si falla la cabeza fallará por lógica todo el elenco y que nadie desea quedar pegado a un fracaso.
Por eso el director la contacta, crea un entorno de complicidad, un mundo intimista de té para dos en el camarín desierto del teatro, le habla del desgano inexplicable de Mauricio, se explaya acerca del interés que claramente tiene en ella, y le pide una locura, un desesperado favor intuyendo que la dama de los modos dóciles, guarda la misma ambición de laureles que él.
Le pide concretamente que haga lo que sabe, que actúe, que lo haga también debajo del escenario, y que con esa performance, se asegure de salvar el prestigio de la compañía.
Le pide que movilice las emociones limitadas de Mauricio para que su personaje despierte y se manifieste en todo su esplendor.
Rebeca asiente, acepta, sonríe con los labios húmedos y dulces del último sorbo de té, y una expresión encantadora y maligna se asoma a sus ojos de ángel bueno.
Al día siguiente hace lo que sabe, actuar.
Mauricio ensaya de nuevo su rutina, sus líneas que excluyen al corazón, su palabrería sin cuerpo ni sangre, cuando ve, desde el escenario, a Rebeca sentándose junto al director que de inmediato busca y encuentra su boca. Literalmente, los ve devorándose frente a él, luego sonreír, ofrecerle disculpas, y pedirle que por favor prosiga, mientras se toman de las manos, como si se tratara de una función privada para dos amantes.
Entonces se produce en Mauricio un cambio estructural, un temblor interno, se siente tan vulnerable, tan profundamente impactado como el personaje del libro, y por fin lo aborda, empatiza con su dolor, lo experimenta en la piel,lo vive.

La crítica alaba las lágrimas de fuego, como bautizan a su parlamento final, la compañía recibe la puntuación más alta, y Rebeca y el director siguen comiéndose a besos delante de Mauricio, para que cada noche, con el corazón quebrado, haga fluir desde su angustia lo mejor de sí, lo único que tiene, lo único que le queda. Para que la causa brille, para que el público siga aplaudiendo de pie, para que la función pueda continuar.

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Ver el archivos adjunto 66047


No soy yo mucho de estos temas. Pero me ha gustado. Redacción, gramática, etcétera, a mi poco entender, más que aceptable. Pero como tanto halago debilita y no es bueno, le diré que yo tenía obsesión, cuando escribía relatos alocados, de no incluir muchas "ques".


Salud2, compañera.
 
No soy yo mucho de estos temas. Pero me ha gustado. Redacción, gramática, etcétera, a mi poco entender, más que aceptable. Pero como tanto halago debilita y no es bueno, le diré que yo tenía obsesión, cuando escribía relatos alocados, de no incluir muchas "ques".


Salud2, compañera.
Lo primero que voy a hacer es agradecerte por venir aunque no seas de estos temas.
Los halagos sí debilitan cuando hay en las personas un ego muy grande y la verdad compañero es que a mí solo me gusta contar historias desde los siete años, simplemente entretener.
Pulirme con la práctica y aprender algo nuevo siempre que se pueda.
Los amigos no son muy objetivos porque me quieren y me leen hace años y es un cariño real además de que les gusta lo que escribo. Y yo también los quiero y mucho :)
Publico para todos pero siento que escribo para poquitos y así está bien.

Agradezco las observaciones que me das y te aseguro que todo comentario mientras sea respetuoso y constructivo es muy apreciado por mí.
Tuve horribles experiencias de grandes faltas de respeto en esta casa años atrás que por suerte ya están superadas.

Así que nuevamente gracias de corazón por tu tiempo.

Que tengas una linda tarde.

.
 
Lo primero que voy a hacer es agradecerte por venir aunque no seas de estos temas.
Los halagos sí debilitan cuando hay en las personas un ego muy grande y la verdad compañero es que a mí solo me gusta contar historias desde los siete años, simplemente entretener.
Pulirme con la práctica y aprender algo nuevo siempre que se pueda.
Los amigos no son muy objetivos porque me quieren y me leen hace años y es un cariño real además de que les gusta lo que escribo. Y yo también los quiero y mucho :)
Publico para todos pero siento que escribo para poquitos y así está bien.

Agradezco las observaciones que me das y te aseguro que todo comentario mientras sea respetuoso y constructivo es muy apreciado por mí.
Tuve horribles experiencias de grandes faltas de respeto en esta casa años atrás que por suerte ya están superadas.

Así que nuevamente gracias de corazón por tu tiempo.

Que tengas una linda tarde.

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Si alguna vez sientes que te falto el respeto, me lo dices sin cortarte que yo, a veces, soy un poco alocado pero nunca tengo mala intención. Lo dicho. Yo no me enfado.

Gracias, compañera. Buenas noches, que aquí es de noche.
 
Última edición:
Si alguna vez sientes que te falto el respeto, me lo dices sin cortarte que yo, a veces, soy un poco alocado pero nunca tengo mala intención. Lo dicho. Yo no me enfado.

Gracias, compañera. Buenas noches, que aquí es de noche.
En absoluto, las observaciones no son faltas de respeto.
Al contrario, toda crítica ayuda mucho a mejorar.
Lo que te conté es una historia muy triste que ya pasó. Es anécdota y aprendizaje.

Y de verdad me siento honrada de que me leas y no soy de decir cosas que no siento.
Gracias otra vez y buenas noches.
 
La patria era la otra, pero entiendo el concepto, hermano.
Vos sos objetividad cero pero ya no importa porque el cariño es más importante para mí. No busco nada más que compartir con poquitos.
Estos personajes son maliiiios pero no todas las tramas van a ser de angelitos buenos.
No estás equivocado, en este juego hay varios interesados y ganadores.
Gracias por seguir recorriendo los caminos de mis letras desde hace ya quince años y por todo lo demás que es todavía más lindo.
Abrazo fuerte, fuerte, fuerte.
Tengo sí o sí que acotar algo y mirá dearcita con todo el amor posta de amigo hermano que te tengo yo no te podría elogiar y ni siquiera venir a ponerte un me gusta si escribieras feo. Y aunque no haga falta separo las cosas.
Sos buena, demasiado buena en tu oficio y eso que nuncamente se te olvide.

Abrazote.
 
Tengo sí o sí que acotar algo y mirá dearcita con todo el amor posta de amigo hermano que te tengo yo no te podría elogiar y ni siquiera venir a ponerte un me gusta si escribieras feo. Y aunque no haga falta separo las cosas.
Sos buena, demasiado buena en tu oficio y eso que nuncamente se te olvide.

Abrazote.
No se me olvida nada que venga de un ángel como vos.
Gracias y otro abrazo enorme.
 

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