Bajo el árbol de la pena
llora el aire en voz callada,
y la sombra se envenena
de una luz enamorada.
Sus raíces van buscando
lo que el alma no consuela,
y en la tierra van dejando
la tristeza que desvela.
Tiene el tronco cicatrices
de promesas que murieron,
y de sus más hondas raíces
viejos sueños se perdieron.
Entre sus ramas suspira
un amor que no se nombra,
y en cada hoja delira
la memoria de una sombra.
Nadie escucha su lamento,
nadie entiende su quebranto,
solo el fiel recogimiento
de la noche y de su canto.
Y allí, bajo su ramaje,
dejé el alma en un instante,
como quien pierde el paisaje
por un beso ya distante.
Árbol triste, árbol mío,
guarda el eco de aquel día,
que en tu pena yo confío
mi triste melancolía.
llora el aire en voz callada,
y la sombra se envenena
de una luz enamorada.
Sus raíces van buscando
lo que el alma no consuela,
y en la tierra van dejando
la tristeza que desvela.
Tiene el tronco cicatrices
de promesas que murieron,
y de sus más hondas raíces
viejos sueños se perdieron.
Entre sus ramas suspira
un amor que no se nombra,
y en cada hoja delira
la memoria de una sombra.
Nadie escucha su lamento,
nadie entiende su quebranto,
solo el fiel recogimiento
de la noche y de su canto.
Y allí, bajo su ramaje,
dejé el alma en un instante,
como quien pierde el paisaje
por un beso ya distante.
Árbol triste, árbol mío,
guarda el eco de aquel día,
que en tu pena yo confío
mi triste melancolía.